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El festejo del Bicentenario me sorprendió, por un lado por la participación ciudadana, mucha gente, sin problemas, todos contentos como después de ganar un mundial. ¡Qué bueno!
Por otra parte me sorprendióque en la alegoría, en la representación de estos doscientos años, se ignorara al sector agropecuario. ¡Qué olvido!
Cuando pienso en mis abuelos y el de todos los italianos, españoles e inmigrantes de otras partes de Europa que llegaron a Argentina, pregunto: ¿a qué vinieron, qué los sedujo?; ¿qué venían a hacer? ¿dónde están en esta historia?
Mi abuelo tenía un “boliche” con ramos generales y acopio, en el campo. Yo me crie en un pueblo, en el que las fábricas importantes eran el frigorífico y el molino harinero.
Por supuesto entre mis compañeros de colegio, uno era hijo del sastre, otro del peluquero, otro del farmacéutico; no todos éramos hijos de chacareros. Pero pienso que sin producción agropecuaria, no hubiera existido San Jorge.
Argentina se pobló con el ferrocarril, los planes de colonización que otorgaban tierras, las estancias y los colonos. Así, se fue constituyendo La Patria.
La tecnología fue haciendo posible la ocupación del territorio, la producción y el trabajo. El ferrocarril, el arado, la sembradora, la cosechadora, el tractor. El ganado y el frigorífico; el trigo y el molino; el comercio y los servicios de la época. Junto, el pueblo, la iglesia, la escuela, la vida.
Muchos pueblos en la geografía Argentina, cada tanto pequeñas y grandes ciudades, capitales de provincia y mas allá Buenos Aires; lejos del campo, pero relacionada y alimentada por los recursos de la producción agropecuaria.
En el primer centenario Argentina vivía el apogeo, de la prosperidad generada en los fines del siglo XIX que dejó el comercio agropecuario, ¿qué otro bien exportado podría haber permitido importar bienes que hicieron Buenos Aires? ¿Cuál era nuestro negocio, entonces?
¿Cuál es nuestro negocio, ahora? ¿Qué sería de Argentina sin la producción agropecuaria?
Argentina vive actualmente una transformación importantísima en su sector agropecuario, un cambio de paradigmas que tiene que ver con producir conservando sus suelos: siembra directa. Incorporó el cultivo de soja y se transformó en pocos años, en el primer exportador mundial de proteínas y aceites vegetales. Se construyó alrededor de Rosario el polo industrial aceitero más importante del mundo. Ahora también, un polo en la fabricación de biocombustibles. El sector incorporó biotecnología en la producción vegetal, el primero después de EEUU. La rentabilidad y la sofisticación, alimentó a la industria de la maquinaria agrícola, para hacerla competitiva mundialmente.
La producción agrícola sustentable, incluye a la Argentina en la Sociedad del Conocimiento, un concepto que tiene que ver con el valor agregado del conocimiento en la producción y la Nueva Revolución Verde, que demanda este siglo.
Los cultivos han dejado de ser sólo una generadora de materias primas – importantísimas de por sí, porque son vitales, por ser alimentos - para trasformase en una fábrica de moléculas y producir proteínas específicas de uso industrial, por ejemplo. Argentina está en la vanguardia de los países que aplican la biotecnología.
Hay que tener en cuenta que si bien la Era de Piedra pasó, pero las piedras existen. Del mismo modo la Era Industrial también pasó, aunque las industrias existen. Ahora las industrias están robotizadas y las fábricas se trasladan, eligen China. Ni Detroit, la cuna del automóvil, de Ford, es lo que era.
Tomas Friedman advierte que el mundo se ha aplanado, la conectividad lo ha producido: PC, Internet y las plataformas. Los hindúes y argentinos también, trabajan para dar servicios a empresas de distintas partes del mundo.
El mundo cambió, la empresa no importa si es grande o chica, lo importante es que sea competitiva. Este concepto llegó al campo, por eso la capacidad de integrar a nuestros científicos con nuestros productores, está en el futuro.
Los países crecerán y su población mejorará en la medida que incorpore empresas competitivas, que puedan pagar mejores salarios y esto tiene que ver también con personas más educadas. Tenemos un desafío, tenemos una oportunidad.
Pienso que era un buen mensaje para el Bicentenario, para que los jóvenes se entusiasmen con estudiar, los profesionales en actualizarse, los trabajadores en capacitarse, prepararse. La vida es larga y nadie puede prepararse de niño y adolescente, para toda la vida. La prosperidad se construye a partir de los paradigmas de los tiempos.
El sector agropecuario, con su producción integrada al mundo y adecuada a los tiempos, está el futuro. En una sociedad abierta, sin temor a la competencia, como en el fútbol. Podemos salir campeones o no. Lo importante es competir. Lo importante es estar preparado para los desafíos de los tiempos.
Sin ninguna alusión al talento de los artistas, el festejo del Bicentenario dejó un mensaje que tiene que ver con la fuerza bruta y la actividad agropecuaria no se tuvo en cuenta, ni por lo que hizo, ni por lo que hace, ni por lo que puede hacer. En una obra de teatro se puede sugerir cualquier historia, en una celebración de un nuevo centenario, no.
Se evocó un país de fracasos, desencuentros y oportunidades perdidas, de paradigmas equivocados y de luchas políticas y vidas truncadas; ante lo cual la población no se emocionó, sino que festejo, porque era su ánimo, mas allá de lo que se representaba.
Más allá del empeño de los actores, lo triste es que lo que reflejaron de La Patria fue la fuerza bruta, con la que se lograba elevar a la Argentina, con ayuda de una grúa, para agitarla como una bandera, que por turnos las protagonistas que la representaban - atléticamente preparadas - admirablemente pudieron soportar.
Se omitió así, a uno de los principales factores que contribuyó al desarrollo nacional, se perdió una oportunidad para dar un mensaje sobre nuestras potencialidades y nuestros reales desafíos. Aquellos que nos permitan superar esta ya larga decadencia.
Por Dr. Víctor H. Trucco |
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