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En los últimos tiempos ha surgido con inusitado entusiasmo, una campaña de desprestigios por los agroquímicos. ¿Por qué no ocurre algo similar con los medicamentos? La comparación parece exagerada, pero si lo pensamos bien, no tanto. Sin medicamentos nos podemos llegar a morir, sin agroquímicos, ¿qué podría pasar? Veamos:
Para los impulsores de la campaña, no pasaría nada. Es más, sería mejor, suponen que desaparecerían los efectos que les atribuyen: intoxicaciones, malformaciones, etc. y no habría, otra consecuencia, la vida seguiría igual, es decir mejor desde su punto de vista.
Lo que no se tiene en cuenta es que los agroquímicos son productos necesarios, indispensables en la agricultura moderna, para lograr una productividad y producción necesaria para la alimentación local y el abastecimiento mundial de alimentos.
Veamos en forma general los agroquímicos, lo constituyen los herbicidas que controlan las malezas, que son aquellas plantas, que denominamos dañinas porque nacen en los cultivos y compiten con el trigo, la soja, el maíz, por los nutrientes del suelo, la luz solar y el agua. Si el cultivo está enmalezado, la producción cae sustancialmente. En cuanto a otros agroquímicos como los fungicidas e insecticidas, son los que permiten controlar las enfermedades y las plagas que afectan a los cultivos. Otra vez, si no tenemos estos cuidados la producción cae.
Podemos estimar que la productividad, se reduciría al 20%. Que es la producción previa a la incorporación de los agroquímicos y los fertilizantes. Se debería aumentar cinco veces la superficie agrícola del mundo y sabemos que no es posible.
Ahora bien, ¿es esta una razón suficiente para emplearlos sin tener en cuenta sus consecuencias? No, no es una razón suficiente, porque lo que se supone de los agroquímicos, está equivocado, no es cierto.
Creo que la comparación con los medicamentos que hice al comienzo, no es exagerada porque en la práctica los agroquímicos antes de ser empleados en la escala productiva, pasan por un proceso de evaluación similar al de los medicamentos. Al respecto, existe en EEUU una institución, la Food and Drug Administration, la FDA, junto con la institución que controla el impacto ambiental EPA, son las siglas en inglés y la que se ocupa de la agricultura USDA, evalúan estos productos, autorizan los nuevos agroquímicos, eliminan algunos agroquímicos que pueden ser reemplazados por otros menos tóxicos, etc.
Mas allá de que cada país es soberano, en general se siguen las indicaciones de estas instituciones, porque un producto, el glifosato, tan emblemático en estos tiempos, es igualmente tóxico en EEUU, como en Argentina.
Los agroquímicos son productos tóxicos, si por descuido, accidente o voluntariamente, se ingieren, aspiran, tienen contacto con la piel, etc. Unos más, otros menos, por eso existe una clasificación de los mismos según el grado de toxicidad, por lo que es imprescindible su manipulación y empleo con cuidado.
En consecuencia los agroquímicos son productos tóxicos para el ser humano, en mayor o menor grado y más peligroso para los más débiles, los niños.
Todo esto es verdad, como también es verdad que los agroquímicos son extremadamente útiles, podemos afirmar que sin ellos caería fuertemente la producción de alimentos, porque:
• Sin control, las malezas restarían productividad a los cultivos, porque competirían con ellos por la luz, los nutrientes y el agua.
• Sin control, las plagas, dañarían los cultivos perdiendo producción y los frutos, perdiendo calidad.
• Sin control, las enfermedades de las plantas, producidas por hongos afectan las hojas y estas no pueden hacer fotosíntesis, también afectan los frutos haciéndolos tóxicos y perdiendo calidad.
Se requiere la mayor productividad posible de los cultivos, para requerir la menor superficie afectada a la agricultura. Fundamentalmente atendiendo que no todos los ecosistemas, son aptos para la agricultura (agro-ecosistemas).
Si las aplicaciones se hacen mal, puede haber problemas con la salud de las personas, corriendo con los riesgos mayores, los aplicadores y la población próxima.
Si las aplicaciones se hacen bien, los efectos de los agroquímicos, permiten mayor producción de alimentos, sin afectar a la población que trabaja en la tarea de pulverizas, como de la población circunstancialmente próxima.
Que los agroquímicos por alguna razón terminen alcanzando a la población, sin duda constituye una mala praxis. Contra la mala praxis, no hay seguro, tiene que haber sanciones, castigos proporcionales a los daños causados. La mala praxis tiene que ser evitada.
Hay que tener en cuenta que no se puede prohibir una actividad, por los posibles daños que puede causar su mal empleo.
Tengamos en cuenta que la electricidad puede electrocutar, el gas asfixiar, el agua ahogar, el automóvil, el tren, la moto atropellar, etc. No por eso podemos prohibir la electricidad, el gas, el agua, el uso del automóvil u otros elementos peligrosos, por su mal uso.
En lo que tenemos que tener cuidado es que un tema tan importante que hace a la alimentación de las personas, se constituya en un tema ideológico, un tema por el cual se pretenda conseguir igualdad social, equidad, distribución de la riqueza, justicia u otra intención.
Es precisamente lo que está ocurriendo, se miente en la fuente de información, es el caso de algunos científicos, para afirmar una consigna ideológica: productores y grandes compañías que se enriquecen a costa de la salud de la población, que no reparan ni en las criaturas. Para quienes alientan esa información, prevalecen sus razones ideológicas, su protagonismo, a costa de la verdad. Ellos saben que lo que le dicen a la gente, no lo pueden afirmar en una publicación evaluada por los que entienden de verdad. Eso está mal.
Eso es lo que está ocurriendo. Es mentira: que el glifosato produce malformaciones congénitas y cáncer. No existe en la bibliografía médica responsable, una demostración que avale tremenda información.
“Se dice”, que desde que se empezó a sembrar soja hace unos 20 años se incrementaron las muertes por cáncer y los nacimientos con malformaciones congénitas. Por lo tanto, por lo que se supone, se propone: “que el uso de glifosato, debería ser prohibido preventivamente, aunque no esté totalmente comprobado, por las dudas”. Si se procediera de esta manera, aunque en alguna manera parece estar ocurriendo, volveríamos atrás 500 años, a la época primitiva y de los brujos que interpretaban el ánimo de los dioses y sacrificaban a las personas para calmarlos. El poder de los brujos era proporcional al miedo que podía trasmitirle a gente simple. Los médicos que sostienen de buena fe, estas conclusiones deberían documentar los casos y presentarlos en las instituciones académicas correspondientes, porque la humanidad estaría en peligro, si estuvieran en lo cierto serían reconocidos mundialmente, no tengo dudas.
Obviamente es una “conjetura popular”, por supuesto no hay estadísticas significativas, ni estudios serios, ni siquiera bases para especular con alguna teoría a comprobar. Aún existiendo una correlación, entre el aumento del uso de glifosato y los casos referidos. El hecho no constituye una prueba de causalidad (relación causa- efecto). Muchas cosas ocurrieron en los últimos tiempos, ha aumentado el consumo de cigarrillos, alcohol, determinados medicamentos, stress, drogas: marihuana, cocaína, etc. Han ocurrido cosas buenas y cosas malas.
Todo lo que tenga que ver con los últimos tiempos estará entre sí correlacionado. Por eso, se requiere una hipótesis respecto de la relación de causalidad, la realización de experimentos con los correspondientes testigos y que los mismos sean convalidados, según los códigos de la academia. Normalmente, se requiere que las investigaciones realizadas sean aprobadas para su publicación por revistas especializadas, que cuentan con un comité científico especializado en la materia, es decir personas competentes que analizan los datos y le confieren confianza para publicarlos.
Se podría conjeturar sobre lo contrario, es decir que en los últimos años ha aumentado la expectativa de vida de 50, a 70 años. Esto es cierto y hay medidas de las Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud. Es razonable, mejoró la medicina - hoy no se muere de una infección - y mejoró la alimentación.
Contrariamente a lo que se cree podemos decir que la calidad de vida de la persona de campo, tanto productores como empleados, ha mejorado sustancialmente, aunque continúa habiendo una parte de la población que hace trabajos de changas, menos que en el pasado reciente, que tendría que mejorar. Pero no es lo que está en discusión.
Peter Druker, observa que: “la gente normalmente acepta supuestos sin cuestionarlos y señala que por ignorar los supuestos cometemos errores”.
Alto porcentaje de la información que suponemos que es cierta, es falsa o imprecisa, quizás no en general, pero si en casos concretos. Esto nos conduce a tomar decisiones equivocadas. Tenemos que conocer los supuestos de lo que se dice. Conviene cuestionar los supuestos para no cometer errores.
Los griegos sabían que todo estaba conformado por cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Eso pasó hace mucho tiempo, es verdad. Era explicable para la época, hoy ya no.
Lo que todo el mundo supone, frecuentemente es un error. En ocasiones, lo que todo el mundo supone es verdad. Hay que analizarlo.
El error tiene que ver con el hecho de que las personas suponen una o más cosas que no son verdad y lo difunden con seguridad, luego todo el mundo queda convencido de ellas. Para utilizar esta sabiduría de manera eficiente, hay que analizar la fuente y determinar la confiabilidad y la validez. Generalmente el proceso requiere “pelar la cebolla” para llegar a la fuente primaria.
Pelando la cebolla, llegamos a los mitos argentinos:
Soja antes virtuosa para la alimentación humana, después del éxito agrícola, se la empezó a considerar un alimento para animales. Generadora de alteraciones endocrinas en los niños, etc.
La Biotecnología, para el uso médico es considerada virtuosa (interferon, eritropoyetina, etc.); cuando se empezó aplicar a la producción agropecuaria, se despertaron las más espantosas dudas sobre el futuro.
Glifosato, un producto ignorado hasta que se volvió fundamental para la siembra directa y la nueva agricultura. Curiosamente el agroquímico menos tóxico de los empleados en la actualidad.
No se tiene clara, la dependencia de la alimentación de la humanidad, de la agricultura. Creo que para la gente los alimentos son la carne (vacuno, pollo, cerdo), el pan (harina, el trigo), la leche, frutas y verduras. La horticultura no es cuestionada, porque se tiene una idea directa de los productos: el tomate, las verduras de hoja, etc. Podemos incluir un cultivo, “la papa”.
Con respecto a la soja, no se tiene en cuenta la importancia como aporte de proteínas, también aceites. No se sabe que la proteína del pollo, del cerdo, del huevo, de la leche es proteína de soja transformada.
El maíz constituye la base del aporte de almidón, que provee la energía de toda la producción de carne. La producción pastoril, va perdiendo peso.
Por otra parte si hay un país donde la preocupación por los alimentos pasa sólo por contar con el dinero para comprarlo, es inimaginable la situación de ir a un supermercado y que no haya algo para comprar para comer.
Se piensa que en Argentina, aunque no se use glifosato, no se siembre soja, no faltarán alimentos.
De la importancia de las divisas en la economía, sólo entienden los economistas y los gobernantes.
Supuestos populares explotados por los algunos ambientalistas, como:
Si no usamos glifosato, ¿Qué pasa?
Nada.
Si no sembramos soja, ¿Qué pasa?
Nada.
La evaluación en Argentina es moral: ¿los productores, se merecen ganar más que los médicos, que los obreros, etc..? ¿Algo tienen que hacer que no está bien?...
¿Si se dejara de usar glifosato de producir soja, se afectaría mi ingreso? Si se siembra soja, ¿A mí, me mejora el ingreso? No, ¿entonces?
¿Que es preferible, que a todos les vaya mal o que sólo a mí (nosotros) me vaya mal?
Lucrar es mal visto, agregar valor no. Lo que ocurre que para lucrar hay que tener una bendición del mercado. En cambio agregar valor, implica un mérito. Lucrar tiene efecto sistémico, agregar valor es marketing.
Lo que se dice que se sabe, en general tiene que ver con lo que se supone.
Si no entendemos lo que nos pasa, si no tenemos preocupación por la verdad, si nos interesa más lo que suponemos que la realidad, ¿cuál será nuestra suerte?
Yo sé que este articulo no será leído por los que creen, que la soja, el glifosato, no hay razón que lo justifique. Les importa más tener razón, que aprender. Ojo que no nos pase a nosotros, hagamos un esfuerzo por entender.
Por Dr. Víctor Trucco
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