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La caza es considerada por muchos un deporte. Formalmente creemos que no puede ser deporte, nada que atente contra la vida.
Por lo tanto tomamos la caza desde el punto de vista de "el control inteligente de plagas en los campos".
Es así como se puede aceptar el control de la invasión de palomas en Santa Fe o la matanza de pumas en Patagonia y La Pampa.
En el equilibrio justo creemos que debe estar la sabiduría del cazador.
La actividad desplegada entonces en una jornada cinegética, debe estar planificada de ante mano. Armas y perros cuidados en detalle.
Especialmente los animales de la jauría, si se trata de cazar chancho de monte con dogo y chulengos deben ser de plena confianza para evitar accidentes.
Si la caza es de presas de pluma, el perro deberá caminar cerca nuestro.
Si la tarea es en lagunas, las aves acuáticas exigen perros especiales que entren al agua y se zambullan.
Hay perros de muestra y de cobro.
Muchas utilizan mestizos, cruza de braco con labrador, o setter con pointer.
Para los que prefieren razas puras tradicionales, de las llamadas continentales por provenir de España, Francia y no de las Islas Británicas, es aconsejable emplear drahthar alemán, perdiguero de Burgos.
Para los amantes de los perros ingleses, sugerimos setters, pointers.
En nuestro país, los cazadores prefieren bretones y galgos.
Precisamente el galgo es una raza ampliamente difundida en Argentina.
Llegó con los primeros colonizadores desde la península ibérica.
A España había arribado de mano de los celtas, se lo llamó entonces canis gallicus. Es un gran corredor, típico de la estepa. Está presente en todas las pinturas de la antigüedad, desde Asia hasta Egipto.
En la América colonial cumplieron un gran papel, cazando junto a indios y colonos.
Es el perro preferido con que los dogueros cruzan al gran blanco cordobés, para obtener animales de gran agilidad y porte, capaces de correr a un puma o a un jabalí.
Hoy los galgos son utilizados además, en carreras.
Sea cual fuere el perro elegido, el cazador es responsable de la calidad de la jornada. La aventura deberá resultar excitante, libre de accidentes y el regreso a casa, con un trofeo digno de ser comentado.
A la sartén o a la olla, la noche culminará seguramente con una guitarreada entre amigos.
Marta Nardelli
Asoc. Arg. Terrier de campo
Tel: (02226) 422959
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