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EL PONCHO, ALGUNA QUE OTRA CURIOSIDAD

 
  elponcho  
 

Cuando se habla del gaucho argentino, se lo sitúa en la inmensidad de la pampa, montado en su caballo recorriendo o a la sombra de un ombú con su cimarrón(nombre dado al mate amargo).
De esta forma es posible verlo en cuadros y fotografías de época.
Este gaucho, centauro errante, fue vencido por el tiempo, la civilización y el alambrado. Fue una clase social, que surgió con las necesidades de la primitiva Buenos Aires Colonial. Era quien trabajaba en las famosas vaquerías. Recordemos que el ganado salvaje que superpoblaba nuestra pampa, fue el primer producto que se exportó. Cuero y sebo en un principio, tasajo(carne salada) posteriormente. Fue soldado en las guerras por la Independencia, en la lucha contra el indio. Manejó como ninguno al caballo.
Su vida fue de lucha y sufrimiento, descripta magistralmente por escritores de la talla de José Hernández en su Martín Fierro.
Su presencia solitaria, su amor por la tierra, su canto y su guitarra nos representan en el mundo.
En 1880 tomado como arquetipo de argentinidad, fue rescatado por escritores costumbristas, pintores y cronistas, que lo preservaron del olvido. Llega de esta forma a nuestros días, recreado en exposiciones de recados, caballos y pilchas y en desfiles tradicionalistas.
Su heredero es el paisano, que trabaja conchavado en estancias y campos.
Aquel gaucho primitivo, allá por el año 1600 era un mestizo nacido de india con español.
Luego se mestizó con sangre de esclavos. Esto le dio una particular forma de ser. Excluido de la sociedad de esa época, debió inventarse una vida, rancho, caballo y pilchas, las hizo con poco y a su manera.
Copió del europeo como pudo las pilchas. Es así como su vestimenta se personalizó.
Utilizó sobre su cuerpo, como poncho, lo que encontró.
Por ese entonces esta prenda llegaba del Alto Perú. Finalmente, los ponchos comenzaron a fabricarse en algunas provincias de nuestro noroeste, con características muy particulares.
Eran tejidos en telares pequeños, lo que obligaba a trabajar dos campos o paños, los que finalmente eran unidos al medio, dejando una abertura para pasar la cabeza. Confeccionados en fina lana de vicuña, llama, alpaca u oveja. Los hubo también de seda y algodón.
Los ponchos norteños solían ser lisos, algunos de ellos llamados listados, rayados multicolores. Llevan en sus bordes huinchas similares a flecos.
Otros llevan las puntas dobladas hacia adentro y cosidas. Los fabricados con fibra de vicuña son los más apreciados, muchos de ellos llevan importantes bordados.
Realizada la Campaña al Desierto e incorporado los nuevos territorios a la Nación, se comenzaron a utilizar los ponchos del sur, tejidos por las comunidades mapuches, araucanas y tehuelches.
Fabricados en telares de mayor tamaño, se hacían en una sola pieza o campo.
Muchos de ellos con caminos o guardas, siendo la más popular la llamada atada o ikat. Estos ponchos son terminados en la misma fibra y ese es su borde.
En los ponchos norteños, algunos de ellos llevan flecos trenzados, llamados rapacejos.
Por disposiciones gubernamentales, estos ponchos aborígenes fueron prohibidos y el paisano común debió conformarse con usar los ponchos ingleses, tejidos en máquinas industriales que hicieron furor en la Inglaterra de entonces. Eran sencillos y muy populares entre los arrieros.
Las fibras utilizadas en los ponchos artesanales de confección nacional, eran teñidas con tintas obtenidas de plantas y animales del lugar, que le dieron especial característica.

ASOC. ARG. DEL TERRIER DE CAMPO
MARTA Y RICARDO NARDELLI
terrierdecampo@yahoo.com.ar

 

 
 
 
 
 
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