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ASI los llamaba Sor Inés de la Cruz, a quienes en un contrasentido cruel, las pretendían puras y las tentaban con la perversión, ofreciéndoles sus dádivas.
Si cuando se trata la ley de leyes, como denominan al Presupuesto Nacional en la jerga parlamentaria, salen a la luz estas miserias, qué tratamiento sombrío, y qué ofrecimientos recibirán los oídos de nuestros representantes cuando sobre sus escaños deliberan sobre la Ley de Minería, por citar un ejemplo.
¿Qué favores junto a la vuelta de cafés, imagino escritas en clave en el sobre del azúcar, para incrementar los fondos reservados? Ya que de ahí uno supone, salen los dineros indignos que compran voluntades.
Cuando festejamos la recuperación de nuestro sistema democrático, no teníamos idea, que junto con la trilogía de los poderes, también regresaba la práctica indigna del soborno, y de su mano las ausencias justificadas con excusas infantiles, viajes, dolencias imprevistas, y toda la maraña que suelen tejer quienes, en forma cobarde dejan vacía sus bancas, que debieran ocupar orgullosos por la distinción de sus conciudadanos. Da vergüenza escuchar las denuncias sobre el llamada de las más altas autoridades del gobierno y uno se pregunta: ¿por qué las hacen? ¿Saben que del otro lado hay un clima fértil para que el llamado no caiga en suelo estéril? ¿Saben a quienes llaman, pues según dicen circulan carpetas con algunas historias no muy puras de los involucrados? ¿Hasta qué punto elegimos nosotros a quién se sienta en una banca, si luego este le presta el oído y su mano al gobernador de su provincia que tiene pendiente alguna obra o les recuerda su lealtad partidaria? Nos están dando la espalda quienes nos extendieran la mano solicitando nuestra voluntad el día de las elecciones. Nos prometieron hasta lo imposible y compramos el engaño, ante la ausencia de un futuro claro en el horizonte. Se renuevan las autoridades comunales, provinciales y nacionales y todo parece seguir igual para nosotros.
Quienes pasan por la administración, salvo honrosos casos, regresan a sus pueblos con
un nivel de vida injustificado por donde se lo mire. Muchos que despotricaban contra el campo, se convierten en estancieros y pasan a formar parte de nuestra aristocracia política y también debemos incluir a la sindical. Sin ningún tipo de pudor hacen ostentación de riquezas cuando sabemos muy bien, que cambiaron sus modestos vestuarios por trajes a medida y lucen como miembros de la farándula, cortes de cabellos a la moda y algún que otro retoque facial.
Una vez más, tenemos un año para pensar en nuestro voto. A quienes elegimos el año anterior con tantas ilusiones, pareciera que se han olvidado de las promesas de campaña o al menos no se ha visto reflejado en el Congreso nuestra voluntad. ¿Nos engañaron con las promesas, o en el momento de sentarse en la banca los tentaron? La realidad nos demuestra que todo sigue igual y que no pueden llevar adelante la cruzada de cambiar lo que nos movió a elegirlos entre la oferta eleccionaria. Exijamos planes de gobierno, no declamaciones de principios y de sueños de fundar un nuevo país.
Tenemos una Constitución y queremos que la honren. Que nos entreguen reglas claras para producir. Y que respeten a quienes los votan y escuchen a las minorías que con su trabajo y sus cargas impositivas, también contribuyen para que funcione el Estado.
Dios quiera recordemos los versos de Sor Inés de la Cruz, solamente como una brillante pieza literaria y no para referirnos a nuestros representantes.
Por Danilo Gallay
Dinámica Rural
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