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La prosperidad de todos y el afán de lucro de cada uno

 
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¿Por qué Argentina no prospera? ¿por qué muchos argentinos no pueden prosperar? Tantas veces parece que, ¡ahora sí! Pero finalmente, no.
En 1982: de la vuelta de la democracia a la hiperinflación; los 90, de la estabilidad, las inversiones, las privatizaciones y modernización al default; el 2002: de la aparente normalización y el crecimiento a tazas chinas, a la incertidumbre actual.
¿Qué pasa? ¿No alcanza con la democracia?
¿Por qué Argentina no puede prosperar?
El sector agropecuario, el agrícola en particular, se dio cuenta y prosperó. Se dio cuenta que la soja venía en las pampas; descubrió la siembra directa; adoptó la biotecnología y cambió, se adaptó, innovó y prosperó.
Argentina no prospera, porque los argentinos no nos damos cuenta, no terminamos de entender la razón por la que los países prosperan.
¿Por qué no aprendemos de aquellos países que prosperaron como EEUU, Canadá, Australia, Alemania? ¿Por qué no aprendemos de los países que cambiaron y empiezan a prosperar, como Chile, Brasil, Perú o Uruguay.
¿Por qué no nos damos cuenta, que la riqueza para que llegue a todos, primero hay que crearla? Para generar riquezas hay que invertir; invertir requiere previsibilidad jurídica, respeto por la propiedad privada, respeto por los contratos.
El ánimo de lucro.
Se requiere reconocer el ánimo de lucro de las personas, “lucrar” no es robar, ni apropiarse de lo ajeno o explotar a otros; se trata de una aspiración positiva del ser humano de beneficiarse. Cuando esto está enmarcado en la legalidad, constituye la base de la creación de riqueza, que no sólo beneficia a quien lucra, sino que beneficia a toda la sociedad, porque para ganar se tiene que satisfacer alguna necesidad de la sociedad.
Sin embargo, ¿por qué lucrar tiene connotaciones negativas? Es casi comparable a robar. Sin duda, esto sería un detalle, una insignificancia, sino se aprovechara para menoscabar una actividad y confiscarla. El caso del sector agropecuario, es uno de esos.
Pero no me interesa, hacer un examen exhaustivo del asunto, sino de llamar la atención sobre un factor fundamental de la creación de riquezas, como constituye el afán de lucro.
Obviamente el lucro requiere ideas, inversión y esfuerzo. Tres factores “cobardes”, las personas cuidan sus ideas, sus recursos y valorizan su esfuerzo. No son afines a trabajar en vano, por lo tanto en una sociedad, si el clima social es hostil al lucro, si las condiciones son inciertas, la inversión se reciente y la riqueza que se podría crear, no se genera. El país no se desarrolla.
En algún momento se pensó, que podría haber otro instinto, superador al lucro, como puede ser el altruismo, el afán de “servir”, poner a la comunidad por encima de los propios intereses. Si bien esta aptitud existe y es loable, es excepcional, por eso hay tan pocas personas como la Madre Teresa, como Abel Alvino. Por eso, fracasó el comunismo. Por eso el socialismo, está siendo: capitalismo con énfasis en el gasto social.
Por otro lado también el capitalismo como el de EEUU, se está inclinando por un capitalismo con mayor gasto social. Porque también existe la tensión que genera la desigualdad.
Cuando se le carga al Estado asegurar el bienestar de todos - “de la cuna a la tumba”, como es el caso de “la sociedad de bienestar” - tipo europea, el Estado entra en crisis dado que el gasto público, crece de modo tal, que no hay economía que aguante.
En el fondo los que hacen crecer a la economía son los individuos - los ciudadanos - con su esfuerzo, su riesgo y motivados por el afán de prosperar; lo que constituye una acción sistémica natural, evolucionada de nuestro instinto de supervivencia. Ya no se trata de huir de las fieras, como pudo haber sido la habilidad principal para sobrevivir, en la antigüedad, sino de crear riqueza, con el “afán del bienestar propio”.
Peter Druker, refiere que el “ánimo de lucro” constituye el camino “socialmente” más eficiente, para canalizar el instinto de poder propio del hombre, dado que se limita al “poder sobre las cosas”. Nos sugiere imaginar, lo que ocurre cuando la ambición humana se canaliza hacia el “poder sobre las personas” y lo que han sido los regímenes esclavistas, el racismo o el comunismo.
De modo que tengamos en cuenta que el afán de lucro, constituye una aspiración legítima de la persona humana, que es indispensable para el crecimiento de la economía de la sociedad.
Entre otras cosas en una sociedad que procura la prosperidad y la creación de riquezas, no se puede demonizar el ánimo de lucro, constituye una hipocresía, que sólo consuela a los espíritus mediocres y condena a la sociedad al subdesarrollo.
Por supuesto que una sociedad para que prospere requiere, que aquellos que tienen mejor suerte o talento y tienen la fortuna de enriquecerse, más allá de cumplir con el deber de pagar sus impuestos, sean generosos. Los ricos tienen que ser generosos.
Lo que convengamos constituye una “rara avis” entre nosotros.

Por Víctor H. Trucco
Presidente Fundación Darse Cuenta
www.darsecuenta.org.ar

 
 
 
 
 
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