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El inocente loro que pasa a medio vuelo con una ramita en su pico, No despierta ningún tipo de recelo, todo lo contrario.
Como permanecer indiferentes e insensibles frente a un ser vivo, que se previene frente a la naturaleza construyendo un nido, para su descendencia.
La misma naturaleza sabia en su esencia, ofrece generosa frutos para alimentar a los habitantes de cada ecosistema.
Ahora bien, con la llegada del hombre y su evolución, agricultura y sedentarismo, los vecinos de los poblados y frente a tanta oferta generosa de alimentos, alteraron sus hábitos y comenzaron a multiplicarse a un punto tal, que pasaron a ser plagas.
Basta con observar los nidos voluminosos en cuanto poste se ofrezca para que los simpáticos parlanchines disfruten a sus anchas, teniendo casa, agua y una plantación a sus pies, para satisfacer su apetito insaciable.
Si analizamos nuestra sociedad y a quienes desde la función pública son los encargados de velar por la vida de los ciudadanos, su salud, educación, nos encontramos frente a un comportamiento similar al de los inofensivos loros.
De aquel respeto por lo público y la austeridad de quienes administraban la pequeña aldea, se pasó junto con el crecimiento de los pueblos a una burocracia y pompa, digna de reyes y de una corte partidaria que goza de las mieles que paga el erario público. El descontrol en algunos países en administración llega limites vergonzosos, por la indiferencia de quienes muestran sus lujos mal habidos frente a niños desnutridos y ancianos abandonados en las frías salas de un hospital.
El lucro que pretenden de las ubres entecas no conoce el pudor, por parte de quienes tienen permiso hasta de falsificar medicamentos para enfermos terminales. Hubo quien entregaba leche en mal estado para los niños que esperaban la ayuda de ese estado infectado de corrupción.
Para sostener a la bandada hambrienta a modo de sementera para los loros, el estado vive inventando impuestos provisorios que luego tienen el tupé de pedirnos alternativas de financiamiento cuando se pide su abolición.
Ocurrió con el impuesto al cheque y ahora con las retenciones.
Usted como contribuyente presente alternativas pero no se le ocurra sugerir que achiquen el estado. Y achicar el estado no es proponer que desaparezca, al contrario, que sea eficiente, es lo que se reclama.
¿O no son parte del estado los fiscales y jueces que cobran de nuestros impuestos? Ellos nos tienen que librar con juicios que sirvan de ejemplo, de quienes se tientan y disponen de los bienes comunes como si fueran propios.
Hubo provincias que llevaron adelante campañas para erradicar los loros, sería interesante que a nivel país, y en operativo cerrojo, fuéramos cercando a quienes nos enrostran lo que han robado. Que avancemos sobre quienes administran pésimamente nuestros bienes al frente de las empresas deficitarias, por incapacidad y mostrando solo el título de amigo del gobernante de turno.
Ni hablar de los familiares de las bandadas de loros que pululan en el estado, los hemos dejado crecer a límites impensados y hoy disfrutan de un buen nido, de un sequito de servidores, buena ropa, pero eso sí igual que los loros nos repiten hasta el cansancio algunas palabras que nos dejan contentos.
Tiempo de elecciones, tiempo de pensar que hacer cuando vemos pasar un loro inofensivo con una ramita en su pico...
Por Danilo Gallay
danilo@dinamicatv.com.ar
Dinámica Rural
Domingos 9hs por AMERICA 24
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