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Pobreza, hambre y nosotros, ahora

 
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Egipto 2011

La producción agrícola se está transformando en un tema central de la política internacional. Thomas Friedman - columnista del New York Time, autor del libro La Tierra Plana, Caliente y Abarrotada - hizo referencia en estos días, a raíz del conflicto de Egipto, que el aumento de la demanda de carne, maíz, trigo y aceites, ha generado aumento de los precios de los alimentos.
Friedman refería en relación a los hechos que están ocurriendo en Egipto que: “Los aumentos en los precios de alimentos y gasolina que azotaron Medio Oriente en los últimos seis meses claramente agudizaron el descontento con los regímenes ilegítimos, especialmente entre los jóvenes, los pobres y los desempleados”.
También en estos días Jorge Castro, hace referencia al informe del gobierno británico: “El futuro de los alimentos y la agricultura”, el cual también proyecta aumento de la demanda de alimentos, con limitaciones en la disponibilidad de tierras y de agua para riego, lo que genera preocupación.
El Presidente de la FAO, también hace un llamamiento en ese sentido, en momentos que el hambre aún no ha podido ser erradicado, un escenario de escasez de alimentos y en un mundo en el que crece la población, no puede menos que preocupar a los líderes responsables del mundo.
Héctor Huergo en su columna, destaca el paradigma de la escasez, recuerda el tiempo de bajos precios y abundancia, de los fuertes subsidios de la Unión Europea a sus agricultores.

Los jóvenes no se resignan

Esos tiempos han pasado, el escenario actual es otro, es el de fuerte demanda, en un mundo que ya las personas no resignan a morirse de hambre. Por otra parte este fenómeno ya no se puede ocultar - las necesidades de la población de cualquier lugar del mundo - están en el día en las redes sociales denunciando las circunstancias. Las noticias aparecen en los titulares de los diarios de todo el mundo. Por otra parte, son los jóvenes, los movilizan los reclamos por la red y en las calles.
Sin duda estamos frente a un mundo complejamente globalizado, que requiere soluciones sensatas, acordes con las posibilidades tecnológicas de nuestro tiempo y desprejuiciadas.

Estamos en el siglo XXI

No se podrá alimentar a 6.900 millones de personas, con tecnologías que no alcanzaban a alimentar cuando la población era menor y millones de personas de China e India no contaban. Tampoco pueden aplicarse las políticas de subsidios y retenciones para regular precios de países como Argentina, en la que sus líderes sostienen que hay que aplicar retenciones, para financiar al Estado o regular las exportaciones y que no aumenten los precios en el país.
También veo con preocupación, cuando leo que importantes líderes, tienen idea de que el problema se soluciona, impulsando la producción minifundista, de los pobres que aún viven en zonas agrícolas de África y de otras partes del mundo.
El hambre es un problema y la pobreza, es otro aunque coincidan en gran parte del mundo: una población pobre y hambrienta.
Por supuesto que hay que solucionar dos problemas: el de la alimentación de la humanidad y el de la pobreza. Pero no se puede esperar solucionar el problema de la alimentación, con la productividad de una agricultura de subsistencia. Vivimos en el año 2011.

Parálisis paradigmática

Los dirigentes no se han dado cuenta, existe una parálisis paradigmática. Es decir no se entiende que los modelos se agotan, las costumbres no son suficientes, hay que cambiar y se cambia viendo, aceptando los cambios de paradigmas y desarrollándolos.
Si se quiere resolver el problema de la alimentación, hay que dar lugar a una agricultura de conocimiento, de empresas organizadas en redes de servicios, eficiente y rentable, para que sea real. Esta agricultura es la única que puede aumentar la oferta y aún, bajar los precios de los alimentos y de respuesta relativamente rápida.
Sé que la idea no es políticamente correcta, va en contra de lo que corrientemente se supone, la producción agrícola como un modo de vida, como un entretenimiento de los chacareros que viven en el campo, hoy amenazados por los angurrientos empresarios, que los desalojan porque son ricos.

Nuevos desafíos

Creo que Argentina tiene un importante desafío, una oportunidad, jamás pensada, no buena para el sector agropecuario, sino para todos los argentinos, porque es una fuente de recursos genuinos, pero tiene una dificultad, hay que cambiar lo que se supone, no es la agricultura de subsistencia, la que salvará a los pequeños agricultores y le dará de comer a la humanidad.

La oportunidad

La solución tiene que ver con la ciencia y la inversión y dejar que el sector se desarrolle, solo se las arreglará para encontrar soluciones, pero una condición se tiene que cumplir: hay que sacarles los pies de encima.
Argentina como nación, debe asumir este concepto en la política exterior. Norman Borlaug, fue un símbolo de la política exterior de EEUU en los años 60. ¿Qué otra forma de ser parte del mundo tiene Argentina, si no es alimentándolo? No lo haremos solos, pero tenemos para aportar. Hoy, no sólo proteína de soja, también podemos aportar una forma de producir, sustentable, de alta productividad y contemporáneamente organizada. Es decir, formando redes, donde las empresas y los individuos se potencian. Siendo parte de la agricultura innovadora del siglo XXI.

Por Víctor Trucco

 
 
 
 
 
 
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