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Rubro 59Por Danilo Gallay

 
 
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Hace un tiempo y a través de esta página, recordábamos a sor Inés de la Cruz, y a su pieza fundacional del movimiento de liberación femenina. ¿Recuerdan? Hombres necios que acusáis a la mujer...
Por estos días y en uno de sus acostumbrados monólogos, nuestra presidenta, desde el Salón de la Mujer de la Casa de Gobierno, y rodeada de los clásicos aplaudidores de siempre, se refirió al decreto que prohíbe, el rubro 59, en los diarios que circulan por el país. Desde esta sencilla mesa del escriba, con la humildad de siempre adhiero a la medida, si en algo puede contribuir a reducir el vil negocio de los explotadores y proxenetas. Ahora bien, quienes deben tener al tanto a nuestra más alta autoridad de los problemas que debilitan a nuestra sociedad en su esencia, ¿no han visto nunca en los noticieros quejarse a las trabajadoras sociales, de los pagos por ofrecer sexo en la calle, que deben hacer a los policías para que estos miren hacia otro lado cuando hacen la ronda en los patrulleros? Que controles ejerce el Comfer, nuestro organismo de control para con los canales de televisión, que durante el horario de protección al menor y bajo el paraguas de programas de chimentos, se han transformado en una pantalla de oferta de supuestas aspirantes a estrellitas que bajo el risueño rótulo de botineras, raqueteras, etc, etc, se pasan las tardes entrevistando y sin ningún tapujo, ha quienes hacen gala, de regalos que reciben por vacacionar con encumbrados empresarios.
Joyas, autos, departamentos, es el precio que tácitamente dan a entender por sus servicios, disfrazados de romances que ya no sólo se acunan al calor del sol del verano. Hemos visto que disponiendo de la mayor audiencia, se ha hecho un concurso para conseguirle “novia” al mediático empresario de los chocolates.

Si bien la estrategia es más sutil, uno se pregunta, ¿no es lo mismo que el rubro 59?

En horarios, nocturnos, sin ningún pudor se le pregunta a las invitadas, si han recibido ofertas por sexo, y se despachan con respuestas como esta: sí, me han ofrecido un departamento y no acepte! El conductor, pregunta si quien había hecho el ofrecimiento era “fachero” y recriminando a la “aprendiz”, le decía poco menos que era una tonta.

O los años me han hecho desconfiado que no veo la diferencia o esto se llama simple y llanamente una apología de la prostitución.
Los desnudos insinuados y los diálogos picarescos de aquellas revistas porteñas de la calle Corrientes, hoy podrían hacer gira por las escuelas primarias si las comparamos, con las coreografías que se presentan en el Bailando, donde se le ofrece la pantalla a quienes hacen ostentación de sus glúteos, eso sí, todo sea por cumplirle el sueño a una escuelita lejana.

Si bien el rubro mencionado de los diarios da cabida a la desesperación, la falta de educación, la promiscuidad por falta de vivienda en los sectores marginales, queda la oferta abierta, en las menores que piden en cada semáforo, ante la vista de todo el mundo. El dinero, siempre el dinero, comprando voluntades, para prostituirse y también para comprar ciertas partes del cuerpo, por ejemplo:
Hacer que alguien levante la mano. Sin publicarlo en el rubro 59, hay diputados y senadores, que están dispuestos a escuchar ofertas para acompañar determinadas leyes que entran al Congreso. Si bien no deben someterse a una violación, no deja de ser una forma de quebrar voluntades, al igual que el servilismo al que es sometido el prostituido, debe dejar profundas huellas en quién se siente comprado, por su doble traición, a su moral y ante quienes lo votaron.

Por Danilo Gallay

 
 
 
 
 
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