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La prolongación de su brazo

 
 
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Desde los tiempos más remotos, caverna, remontándonos a nuestros orígenes, los hombres hemos necesitado de herramientas para desenvolvernos. Es así como la primera piedra sirvió para matar, cuerear y despostar a los primeros animales que consumimos. Hasta llegar a los modernos cuchillos de nuestros días, el gaucho debió fabricar sus propios elementos de defensa y subsistencia. Vivió en la campaña, debió enfrentarse en un principio a fieras, a otros gauchos y ganarse además el sustento en las vaquerías.

La importancia de sus cuchillos vital. En un principio adaptó las viejas tijeras y sables, aprovechando el material haciendo las preciadas hojas.

Finalmente, cuando las ciudades comenzaron a crecer, llegó la mayor demanda y la importación lo proveyó. La llegada de artesanos y orfebres al Río de la Plata, dio nacimiento a una industria incipiente ligada al arte, que hasta nuestros días perdura y nos identifica en el mundo. De esta forma, aparecieron hojas de reconocida calidad tales como las Arbolito, Shieffeld, Dufour, Rogers, entre las más difundidas. Así, nuestros gauchos y estancieros lucieron espléndidas joyas tales como caronero, verijero, cuchillo de cintura, dagas, puñales, etc. Estos eran los lujos del gaucho junto a su tirador, espuelas, rastra. Armas de gran elegancia para la defensa personal y para todo tipo de menesteres rurales, comer, cortar tientos.

Cuchillo de cintura:

De gran importancia, casi la prolongación de su brazo. Utilizado para faenar, cuerear, defensa personal. Muchos de estos cuchillos hoy están preservados en colecciones privadas y museos, de nuestro país y del mundo.

Sus cabos de plata y oro, o fina trenza en soga (cuero), se destacan entre otros en los que el paisano emplea lo que puede y como puede para hacer su trabajo.

Estos gauchos al desaparecer dejaron sus herederos, por ejemplo en la Vieja Buenos Aires, en los malevos que tan bien describiera Jorge Luis Borges, o en el legendario Juan Moreyra al que se le atribuyen varias muertes.
En nuestros días, quién más quién menos que esté ligado a las cosas del campo, se enorgullece comiendo asadito con el cuchillo de sus amores.

Esa vieja costumbre que del gaucho tomamos los argentinos todos, seamos o no de pura sangre pampa.

Por Ricardo Nardelli
Asoc.Tradic.San Ramón de la Fortinera
traslonuestro@yahoo.com.ar

 
 
 
 
 
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