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Verde que te quiero Verde

 
 
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Para quienes han tenido la suerte de viajar, les propongo sobre todo si han compartido el mismo con un grupo, que hagan un poco de memoria.
El siempre divertido encuentro antes de la partida y luego de hacer los trámites, termina en el mostrador tomando un café. A pesar de que nunca fue nada barato hacerlo en cualquier terminal aérea de nuestra querida Argentina, recordará usted la casi acalorada disputa por ver quien pagaba la cuenta. Esos mismos personajes a las pocas horas y luego de haber atravesado el atlántico, teniendo la billetera en la mano pero ya con otra moneda, se resistían a pagar un par de expresos aunque la conversión daba una cifra inferior a lo que pagamos en cualquiera de nuestros cafés. Esta situación me tocó revivirla en varias oportunidades y con personajes que realmente el importe del que hablamos era una simple propina. En todos estos años y por situaciones que nos han hecho vivir los gobiernos de distintas ideologías, le hemos ido tomando una idea de que nuestra moneda es un papel pintado. Poco menos que la despreciamos, cuando ya como en estos tiempos la inflación erosiona el poder adquisitivo que tenían aquellos contundentes billetes de cien pesos y que hoy estoy seguro ya sienten vergüenza por la insignificante bolsa de verduras que pueden llegar a cancelar en una feria. ¿Se acuerdan quienes de buenas a primera nos enteramos que con ochenta y tres centavos de nuestro flamante austral podíamos comprar un dólar? ¡Qué momento que no supimos apreciar! Como no vendimos todo lo que teníamos y compramos con un millón de australes un millón de dólares.
Claro que nos iban a decir igual que ahora que estábamos equivocados y que íbamos a perder exactamente igual que nos dicen ahora. Pero así y todo hubo muchos desobedientes que se pasaron a la moneda norteamericana y creo que duermen más tranquilos que los que nos quedamos con los australes en la mano igual que Gardel con los boletos de su famoso Caballo Lunático. Si vamos un poco más atrás en el tiempo se acordarán de los pesos 18.188, cuando le sacamos dos ceros, que líos se hacían nuestros queridos viejos de entonces, que seguían hablando de millones, tan perdidos estaban, igual que nosotros ahora con toda la tecnología en oferta que no sabemos aprovechar. Hablo desde el otoño avanzado y destilando un dulce licor para las ausencias. Sigamos. Si tienen oportunidad de ver, en algunas casas de cambio suelen ofrecer para que uno intente saltar ante el paso del próximo tren, unos sobres que contienen la colección de aquellos disparates con que nos sorprendían nuestros ministros de economía. Hay algunos que se devaluaban tan pronto que les ponían sellos con la nueva denominación. Por estos días me gustaría, a quien no, tomar un café en algún café de París mirando aquellas callecitas que vieron pasar tantos personajes, con nuestro ministro de economía y electo vicepresidente. El que siempre luce una sonrisa, que a mí en lo personal me inquieta, pues no entiendo que una persona con tantas responsabilidades y problemas y luzca tan despreocupado hacia el mundo. Me gustaría ver su expresión en el momento de la cuenta si amaga pagar o si es humano como todos los argentinos y prefiere guardarse en la billetera los euros, aunque se los hayan dado a cuenta de los viáticos que tienen nuestros gobernantes. Y hablando de nuestros líderes, al ver sus declaraciones juradas puede comprobar que aparecen plazos fijos y cuentas de ahorro en dólares. Acá me quedo un poco desorientado pues creo que no hay lo que se dice un buen compañerismo entre nuestros funcionarios. El secretario de economía que dijo que no es un buen negocio comprar dólares le tiene que avisar a la señora presidente que se está equivocando. Aunque por lo que ha ocurrido en estos años y al comprobar la forma que incrementó su patrimonio tengo dudas de quién tiene razón. Acá los dejo, no quise aburrirlos y recordarles las cuasi monedas que tuvimos en cada provincia y que se prestaba a un dislate generalizado. Creo que al ver el clima de descontrol que teníamos con los papeles, los europeos eligieron el euro para que sea la moneda de casi todos los países. Vamos a ver como les va a partir de la rebelión griega. Aquí me planto y como su mayor pensador les digo "solo sé que no sé nada".
Verde que te quiero verde...

Por Danilo Gallay
Dinámica Rural
Sábados 12 hs en Canal Rural

 
 
 
 
 
 
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