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El gallinero de la abuela

 
 
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Muchos de nosotros recordamos nuestra infancia en compañía de nuestros abuelos. El tazón de leche caliente con cascarilla y la galleta untada con dulce casero de membrillo. De esa planta fantástica que estaba dentro del gallinero.

Ah... ese rinconcito del mundo que despertaba nuestra fantasía. Esperar 21 días a que los pollitos aparecieran junto a la gallina bataraza. Ese gallinero de nuestra niñez en el que buscábamos los más preciados tesoros: huevos frescos para el biscochuelo de la tarde o la tortilla de acelga de la huerta para el almuerzo.

Algunas veces cascábamos una de las puntas para beber así entero y crudo un huevo .Los otros eran preservados en el delantal que la abuela doblaba para transportarlos hasta la cocina. Toda casa de gringo tenía huerta y gallinero, ¡qué tiempos aquellos!... En nuestros días muchos pueblos y las afueras de Buenos Aires, todavía conservan esta sana costumbre de tener producción propia. Actividad incrementada por quienes logran adquirir una chacra de fin de semana y empiezan comprando un gallo de raza con varias gallinas. Las populares batarazas entonces cobran importante valor, la conocida raza plymouth rock barreada.

Generalmente una visita a la exposición rural de Palermo nos motiva a comprar las primeras. Luego, nos vamos interiorizando por internet de sus características, hasta terminar yendo a la ciudad de Rauch donde se celebra la Fiesta del Ave de Raza.

Los más fanáticos, hasta aprendemos a tararear ese viejo tango de los autores José Ricardo y Adolfo Herschel, que popularizaran el dúo Gardel - Razzano, llamado "pobre gallo bataraz".

Una vez tomada la decisión de tener un gallinero, deberemos determinar primero su tamaño, su ubicación y cómo deseamos, estéticamente hablando, hacerlo. Uno pequeño con alambre artístico y paqueta puerta de hierro forjado o bien el tradicional alambre, ubicado en un rincón del lote, con sol matinal y sombra por la tarde.

Un espacio será destinado a nidales y otro a dormidero. Recordemos que estas aves prefieren dormir en lo alto. Será conveniente hacer un techo de 2 x 2 mts. y debajo, palos o travesaños a un metro del suelo.

Los nidos, es aconsejable, también hacerlos en alto a la altura de nuestra cintura aproximadamente. Los más osados y que cuenten con espacio, podrán comprar una incubadora como para vender su producción si se trata de gallinas de pedigree. Podrán también armar su propia cabaña y participar de clubes y asociaciones avícolas que en nuestro país realizan un magnífico trabajo. Dictando incluso cursos informativos.

Hay que tratar en lo posible, para que sea más fácil su limpieza y conservación, hacer el piso de conchilla y arena, mezclada con cama de arroz. De no ser posible, piso de tierra siempre bien barrido. Nuestro veterinario de cabecera nos asesorará con respecto a la utilización de antiparasitarios, entiéndase piojillo, coccidios, entre otros flagelos. Esto redundará en beneficio de la salud del plantel y de la belleza de los animales. Es ideal adquirir aves de gran calidad, en criaderos especializados, para tener el placer de observar y reproducir puros.

La alimentación más aconsejable es la que se prepara con mezcla de granos y balanceados especiales para cada período del animal, recría, engorde, postura, etc. Brindar especial interés a la fuente de agua que deberá estar siempre limpia y con antibióticos indispensables.

El gallinero será entonces para nosotros una fuente de alimentos frescos y sanos y un entretenimiento especialmente indicado para combatir el estrés. Finalmente, los pollitos pondrán la cuota de ternura que justificará el esfuerzo cotidiano.

Por: Marta Nardelli
terrierdecampo@yahoo.com.ar

 
 
 
 
 
 
 
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