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Origen de la soja en Argentina: PARTE 1

 
 
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El cultivo de SOJA,los nuevos paradigmas y repercusión social

Entre los nuevos paradigmas agronómicos de fines del siglo pasado y principios del siglo XXI, podemos mencionar la incorporación del cultivo de soja, la siembra directa y los cambios tecnológicos y organizacionales, que transformaron al sector agropecuario en especial a la agricultura.

50.000 toneladas de soja fueron exportadas en 1970
50.000.000 toneladas en 2010

La importancia de entender

Este proceso no ocurrió solo, no fue una “política pública”, tampoco se puede atribuir a un solo grupo de personas o empresas, pero creo que constituye un ejemplo para entender cómo funcionan los procesos innovadores de creación de riqueza. Es bueno primero entender, para después opinar y tomar una posición, aunque no sea lo común.
Se empezó sembrando soja en Arequito (provincia de Santa Fe), para probar. Funcionó y a partir de ahí, se fue extendiendo en la zona núcleo de las mejores tierras del país. Este cultivo tenía sus cosas, el control de plagas, de malezas, etc., por eso era normal que el primer año se fracasara, hasta que se lo empezaba a conocer. Se decía que la “soja venía” en Arequito por ejemplo, donde los productores habían aprendido y no venía en Marcos Juárez, donde todavía no se le había pescado la vuelta.
Pero los productores aprendieron rápido y la soja se extendió, incorporando un paquete tecnológico muy importante, avanzado para la época – aunque con labranzas - y lo impulsó el precio de la oleaginosa, más de 270 dólares la tonelada en 1980, lo que hoy se consideraría “una renta extraordinaria”, fue el motor de la expansión.
Este proceso se ha visto impulsado por productores innovadores, que compartieron sus experiencias con generosidad y contó con el apoyo de instituciones oficiales como el INTA y privadas como AACREA y AAPRESID.

Consideraciones previas

En la evolución del cultivo de soja, tenemos que entender en el marco, de un cambio de paradigmas. Es importante darnos cuenta, que los paradigmas cambian rápidamente, no por moda, sino por la evolución científica - tecnológica.
Antes los paradigmas eran generacionales. Suelo contar al respecto de amenas discusiones con mi padre, cuando proponía hacer algo distinto; el refería: “mira, ahora hago como me parece, después les toca a ustedes - con mi hermano - y hacen lo que les parece”. Entonces los paradigmas eran generacionales, ahora, ya no. Tenemos que darnos cuenta y evolucionar.
Sin embargo uno de los problemas, es pensar que nada cambia, cuando en realidad todo está cambiando, en forma permanente.
Si a la parálisis paradigmática le sumamos los conceptos de izquierda / derecha y el afán de querer tener razón, empezaremos a comprender lo que ha ocurrido y sigue dominando el tema soja en Argentina.
La soja, constituye la principal fuente de proteínas vegetales en el mundo actual, aporta aceites comestibles, también biocombustibles con su beneficio ambiental. No es poca cosa.
Pero “tiene un problema”: genera riqueza, es más, ha generado nuevos ricos y algunos insumos requeridos para su producción, son resultado del capitalismo, de multinacionales; por otra parte transforman a la producción primaria en un motor fundamental de la economía, en un mundo y una sociedad, para la que el progreso tiene que ver con paradigmas industriales. De pronto se enriquecen los campesinos más que los industriales, el Interior, más que la Capital.
¿Qué está pasando? Algo malo debe estar ocurriendo.
Recuerdo, un diálogo frecuente hace unos años, cuando se empezaba a poner en evidencia la bonanza económica que acompañaba a la soja. Bastaba un comentario: “Viste este año, tendremos otra vez récord de soja”. Para que rápidamente se respondiera. “Si, también récord de hambre”.
Ya basta, para señalar el absurdo de una reacción frecuente frente a una oportunidad. No estaba previsto, resulta incomprensible, que “producción primaria”, pase a ser el motor de la economía.
La siembra es mala porque usa “glifosato”, no importa que el Conicet, informe que no se registran pruebas en la bibliografía científica, que pongan en duda el uso de este producto.
También, hubo una campaña de oposición a la soja genéticamente modificada, pero ya pasó. Toda la soja está modificada y la alternativa, la soja orgánica, sigue siendo un nicho muy pequeño del mercado.
Hoy, la campaña es contra el glifosato, que es un producto fundamental en la producción de soja.
Uno se pregunta, ¿por qué una parte importante de la población, es fácil presa, de una campaña anti-soja?
Incluso en los textos escolares se ha incorporado, un capítulo especial, con el relato basado en conceptos falsos, en conjeturas, etc., respecto de la agricultura actual, cuyo símbolo es la sojización.
Esto involucra no sólo a un maestro equivocado, que cuenta “su verdad”, no; es el discurso de la “verdad escolar”, conceptos fundamentales en la formación de la mente de un niño. Se les enseña a niños de 10 años, por orden del Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires.

El caso San Jorge

También tengo que hablar de mi ciudad San Jorge, uno de los lugares del país, donde se empezó a sembrar soja a fines de los 70; se empezó a hacer siembra directa y se empezó a sembrar soja modificada genéticamente. En forma pionera. De todo esto me considero protagonista y por ello siento orgulloso.
En San Jorge, ocurrió un accidente lamentable, como consecuencia de un aplicador irresponsable, pulverizando en la proximidad de la ciudad y en tales condiciones, que el producto derivó y alcanzó a una niña pequeña, la que se descompuso, su madre la llevó al hospital y afortunadamente la niña se recuperó. El caso, se refiere a que el producto era “glifosato”- puede ser o no - no hace al caso. En primer lugar, lo que no tiene sentido es que se realicen aplicaciones, en ninguna circunstancia que pueda alcanzar a la población; más imprudente aún es si se trata que pueda alcanzar a niños.
El problema no es el producto, es la irresponsabilidad de acto y debería ser sancionado el operador, quizás también el responsable de la empresa que ordenó de la operación. Pero no puede, ser sancionado “el producto”, por haber sido usado en forma imprudente.
Todos los días desgraciadamente nos enteramos de los accidentes, producidos por autos que atropellan personas. Asociando el accidente referido, al caso automovilístico, cabría prohibir la circulación de los autos o cerrar las fábricas de automóviles. No habría entonces más accidentes.
La comparación puede parecer absurda, pero implica el mismo razonamiento.
Con esto quiero señalar, el ensañamiento y demonización que se ha producido con la soja y todo lo que con su producción se relaciona. Obviamente mucha gente está “convencida”, no importa si tiene o no razón.
Con esto no quiero justificar malas prácticas o actos irresponsables, pero tenemos que reconocer que con la soja, los argentinos tenemos un problema.
Por otra parte, se tiende a creer que las cosas son como nos parecen y nos despreocupamos por aprender. Un lema que me acompaña es que: “es preferible aprender, a querer tener razón”.
Es en este marco que aparece el cultivo de soja, como “un mito”, un fenómeno sin historia agronómica, sin meritos, sin esfuerzos, algo así como la radiación solar, que incide sobre la tierra.

Un poco de historia

Pero no se trata de eso, se trata de un cultivo que se incorporó recientemente en la agricultura argentina. La primera exportación reporta a 1970. Se exportaron entonces 50 mil toneladas, en la campaña 2010/11 se produjeron 53 millones de toneladas; las que se exportan, mayormente industrializadas como aceite, harina proteica y en los últimos años, como biodiesel.
En 40 años su producción, aumentó 1.000 veces. Notable. Sin embargo, esta adopción se produjo 40 años después que EEUU. No entiendo aún las razones por las que esperamos tanto tiempo, supongo que tuvo que ver con la parálisis paradigmática de esos años. La falta de innovación en el sector agroindustrial argentino.
Ocurre que a veces es mayor el afán de proteger negocios establecidos, que de innovar.
La soja llegó, llegó con modestia y fueron pequeños productores de Arequito, los pioneros que empezaron a sembrarla. Es notable, en los primeros años, más allá del sector agropecuario, se hablaba maravillas de la soja; de sus atributos nutricionales, las virtudes de la comida vegetariana, etc. Creo que la milanesa de soja, era más popular entonces que ahora.

Los nuevos paradigmas y nuevos desafíos

A partir de la siembra directa, aparece un nuevo paradigma: las “tierras sembrables o no sembrables”. Buena noticia, la superficie de tierras agrícolas son más que las arables, porque se puede tener cultivos sin arar y por lo tanto sin deteriorar los suelos.
Sintetizando se cambió un dogma, un paradigma, el de que la agricultura deteriora los suelos y la ganadería con sus pasturas, los recupera.
El problema era no entender que la erosión lo producen las labranzas, no los cultivos. No la agricultura, sino el arado. La forma de hacer agricultura.
El desafío tiene que ver con el hecho de que la población entonces no llegaba aún a las 2.000 millones de personas, un 30% de la población actual; pero crecía y las tierras agrícolas son limitadas.
En este contexto, rápidamente descripto se instalaron paradigmas agrícolas importantes: perjuicio del monocultivo, agricultura permanente, importancia de la rotación y hacer “descansar a la tierra” (esto tiene que ver con la humanización del suelo). Pero la agricultura estaba cambiando.
“Los paradigmas” son importantes porque constituyen, los esquemas mentales que nos permiten entender lo que pasa y tener una opinión, establecer modelos de producción y también, un “criterio ético”: lo bueno y lo malo.
Lo que entre otras cosas nos permite confiar en lo que se hace o dudar, cuando no, tener miedo por lo que se está haciendo y lo que puede pasar.
En general el hombre y entre ellos el productor, hace lo que le conviene, va por lo más productivo, por lo más rentable. Esto es lo que ha permitido el desarrollo de la humanidad y que se haya podido alimentar.
Es el pensamiento sistémico el que moviliza, al individuo: siempre va por lo más sencillo, lo más rentable.
Lo importante consiste en coincidir: lo rentable con lo sustentable.
Estos eran los desafíos de los años 80 y los cambios de paradigmas que se produjeron.
Recordaré algunos acontecimientos que incidieron en el desarrollo de la siembra directa y otras innovaciones en Argentina.

Desregulación

A fines de los años 80, la desregulación portuaria, permitió que se pudieran hacer inversiones privadas en los puertos. En la zona del Gran Rosario, se empezaron a instalar terminales portuarias privadas y fábricas industrializadoras de soja. La competencia entre las empresas y la alternativa de bajar soja de Paraguay, pensando en Brasil, generó un gran impulso a la industria y un mercado demandante de soja todo el año.

“¡Menem lo hizo!, aunque nunca nombró a la soja en sus 10 discursos en la Sociedad Rural Argentina”

Por otra parte, el mundo aumentaba la demanda de soja.
En los 80, empezó a difundirse la siembra directa, un traje a medida para la rotación trigo soja. La producción de soja en esa década aumentó unas 10 veces.

La creación de la Asociación de Productores de Siembra Directa (AAPRESID) a fines de los 80, le dio un fuerte impulso al cultivo de soja

Después, ocurrió la llegada de los grupos cortos de madurez:

“Los Grupos IV de Soja”

Se sumaron a la Siembra Directa, produjeron un salto significativo en los rendimientos, de 1.000 kilos/ha, se puede estimar.
Sin duda es algo que le tenemos que agradecer al Ing. Rogelio Fogante, que fue el primero en darse cuenta, de la potencialidad de los grupos cortos y la sinergia que esto tenía con el ambiente agronómico de la siembra directa. Esto ocurrió en principio de los 90.

“Las redes: una innovación organizacional”

Este fenómeno dio lugar a una innovación organizacional, consistente en la “formación de redes” de servicios y de contratos formales e informales que los vinculaban; así se profesionalizó, aumentó la productividad y la competitividad de la agricultura.
Los productores ya no hacen todo, hacen lo que hacen mejor; hacen lo que saben hacer. Un hecho verdaderamente revolucionario, caracterizado por la presencia de pequeños y medianos empresarios rurales (productores), propietarios, comercios y servicios financieros. Algunas de estas redes ha dado lugar a los famosos “pooles”, que no son ni más ni menos que formas innovadoras de financiamiento, a partir de instrumentos legales existentes, no creados para estos fines, pero adaptables.

La llegada de la biotecnología, la Soja RR

“Los organismos genéticamente modificados”, llegaron con la soja. El “primer evento”, el primer caso fue la soja resistente a glifosato.
Esta innovación, tiene que ver con que por primera vez se podía modificar el genoma de una planta. Se le injertó a la soja, el gen de una enzima que le permite a la planta sintetizar aminoácidos esenciales. Esta enzima es “resistente a glifosato”; por lo cual el herbicida no puede ejercer efecto; lo que hace a la planta resistente. Este gen había sido encontrado en un organismo resistente a glifosato.
Greenpeace, realizó entonces una campaña en todo el mundo, oponiéndose a este desarrollo científico, por razones que en todo caso les corresponde explicar.
Desde AAPRESID constituimos una comisión especializada que estudió el tema y dio lugar a un documento, publicado en la Gacetilla N°40, de la institución, que llevaba el título: “Porque AAPRESID, le dice sí a la Biotecnología”.

Del campo a la ciencia y la inversión

Motivados por las circunstancia, nos preguntamos ¿“la soja modificada genéticamente”, era una oportunidad o una amenaza?
Se realizó entonces un Seminario sobre Biotecnología, conjuntamente con un Centro de Estudios de la Universidad de Harvard. Evento que pudo realizarse gracias a la intervención del Profesor Otto Solbrig, argentino y profesor en la referida universidad.
Participaron de este seminario, científicos y personalidades relacionadas con la ciencia y con los mercados. No sólo de Argentina y EEUU, sino también del Mercosur y de Europa. Las manifestaciones fueron categóricas, respecto de la seguridad de la soja modificada, tanto para el consumo, como también en los aspectos ecológicos. La Gacetilla N° 40, de AAPRESID, de septiembre de 1997, es minuciosa en este aspecto.
Es el camino trabajoso y responsable, de inversión y lucidez lo que permitió acrecentar la producción de soja 1.000 veces en 40 años.
También cambió nuestros paradigmas, fue así que se fundó Bioceres, empresa de biotecnología, con sede en Rosario. Inspirada en la relación público privada. Con fuerte conexión con el Conicet y las universidades.

Fuimos 23 los fundadores de Bioceres
Hoy los accionistas son más de 200.
¿Por qué el mundo demanda soja?

Este es un punto fundamental para entender y para explicar, las razones de la demanda de soja.
El ser humano requiere proteínas para vivir.

¿Qué son las proteínas?

Las proteínas son biomoléculas formadas por cadenas de aminoácidos, que cumplen funciones vitales en los organismos vivos, incluido el hombre.
Los aminoácidos son moléculas orgánicas, que pueden unirse entre ellos y formar cadenas complejas: las proteínas.
Las proteínas cumplen funciones vitales en los organismos.
Por otra parte tenemos que considerar a las proteínas como fuente de aminoácidos para la nutrición humana y animal.
Los animales, entre ellos el hombre, necesitan adquirir en la dieta “algunos aminoácidos” para formar sus proteínas, porque el organismo es incapaz de sintetizar todos los aminoácidos que requieren sus proteínas: su vida.
A algunos aminoácidos nuestro organismo los puede formar, pero hay otros que no lo podemos sintetizar, los tenemos que adquirir en la dieta, son nueve aminoácidos (ver recuadro) y todos ellos están en la “proteína de soja”.

Comparación con la ingesta recomendada de aminoácidos, en miligramos de aminoácidos, por gramo de proteína de soja. Se compara el requerimiento humano y el aporte que puede hacer la soja

Podemos comprobar en el cuadro N° 1, que la soja, aporta todos los aminoácidos esenciales, en cantidades adecuadas, para la nutrición humana por lo cual puede sustituir a las carnes.

cuadro 1

La necesidad de aminoácidos esenciales no sólo la tiene el ser humano, sino los animales en general, con excepción de los rumiantes (vacunos, ovinos, etc.) que pueden fabricar estos aminoácidos esenciales, gracias a la actividad microbiana en el rumen.
Por eso es importante la soja. Los vegetarianos, reemplazan a la carne, por soja.
Tenemos que tener en cuenta, que cuando hablamos de carne - porcina, aviar, producción de huevos, de leche también por el aporte de proteínas vegetales en la primera parte de vida de los vacunos, los terneros funcionan como mono gástricos – estamos suponiendo una oferta de proteínas vegetales ricas en los aminoácidos esenciales.
Incluso los peces, necesitan aminoácidos esenciales y cuando se producen en cautiverio requieren que se les provea de aminoácidos esenciales. Los peces criados en cautiverio, en general forman sus proteínas con aminoácidos que provienen de la harina de soja.
De modo de que cuando hablamos de consumo de proteínas, estamos hablando de proteínas vegetales y cuando se habla de proteínas vegetales estamos hablando de harina de soja.

Cuadro producción mundial de carne

cuadro 2

En el cuadro, podemos ver lo que ha aumentado la producción mundial de carne, en millones de toneladas, en especial sorprende la columna que hace referencia a la “acuicultura”, que pasa de una producción promedio por quinquenio de 4.1 millones de toneladas en los años 80; a más de 50 en la actualidad y se proyecta casi 70 millones de toneladas, para el quinquenio de 2016 - 2020.
En China, en especial, se está instalando mega factorías en el mar, en la que se transforma la harina de soja, “en carne de pescado”.
En general, cuando hablamos de “harinas proteicas”, estamos haciendo referencia a harina de soja, por ser la principal fuente. Las otras provienen de otras oleaginosas, maíz, harina de pescado y gluten feed; cuyo aporte es menor.

“Cuando hablamos de soja, pensemos en proteínas, pensemos en VIDA”

El desarrollo del cultivo de soja en Argentina, obedece a un proceso de “darse cuenta” y aprovechar oportunidades. No hay otro ejemplo más elocuente.

Continúa en siguiente edición ...

Por Víctor Trucco

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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