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Exportación de Soja
El primer registro de exportación de soja, corresponde a 1970; 50 mil toneladas, como ya se ha dicho, hace apenas 40 años. Se pensaba que no era un cultivo para Argentina.
La soja no se conocía, en los 70 era un cultivo menor que se empezaba a enseñar en las universidades. A pesar que hacía 40 años que se sembraba en EEUU, no se tenía en cuenta en nuestro país.
Como podemos ver en el cuadro la producción y exportación de soja, creció en forma impresionante en los últimos años.
Cuadro N°3: Producción y exportaciones Argentinas

En 1978, se sembraron 1 millón, 250 mil hectáreas con soja y se produjeron 2.7 millones de toneladas, lo que representó 600 millones de dólares de exportación.
En la campaña 2010/2011, se sembraron 19,3 millones de hectáreas y se cosecharon 53 millones de toneladas, lo que significó 22.500 millones de dólares de exportación, sobre un total de 70 mil millones que exporta argentina.
Si comparamos la superficie sembrada del 2010, respecto a la de 1978, aumentó 15 veces; la producción aumentó 20 veces y las exportaciones 38 veces.
Sin duda no hay nada comparable en la economía argentina que haya tenido el impacto del cultivo de soja.
Más allá de la soja, la innovación
Tenemos que entender que los procesos innovadores se pueden aprovechar cuando se entienden.
Me he referido inicialmente a la “demonización del cultivo de soja”; porque me preocupa que en Argentina, una parte importante de sus ciudadanos, no entiendan lo que ha ocurrido y lo que está ocurriendo.
Precisamente como resultado de no entender el proceso científico - económico y tratar de explicar el fenómeno desde un punto de vista ideológico, relacionado con la creación de riqueza.
En general, tendemos a creer lo que nos conviene, la información que proviene de grupos afines, a los que consideramos bien informados y bien intencionados. Sin embargo, están equivocados, no porque lo diga yo, sino porque sus afirmaciones no se corresponden con la realidad. No se trata en este caso de una realidad relativa, se trata de una realidad científica. La soja tiene 38 a 42 % de proteínas. No se puede afirmar que no tiene proteínas, que tiene 20 % u 80 %; porque el análisis químico de la proteína de soja nos señala que tiene entre 38 – 42 %, y las variaciones son mínimas.
Si niego esta realidad, la estoy falseando. Estoy mintiendo, consciente o inconscientemente. Lo mismo se puede decir respecto del glifosato y sus efectos. Está estudiado, no hay problemas.
Tenemos que distinguir entre la ecología, como una ciencia que se ocupa del medio ambiente y el pensamiento ecológico militante.
La ecología es una ciencia muy compleja, ocupa muchas disciplinas y ha concitado la atención de los expertos, lo cual es una buena noticia.
Hemos tomado conciencia de que nuestras acciones actuales tienen consecuencia que van más allá, de los efectos inmediatamente percibidos. Por eso tenemos que pensar en un desarrollo sustentable.
Desarrollo Sustentable
En 1992, tuvo lugar la Reunión Cumbre en Río de Janeiro, a la que asistieron un número importante de presidentes de las naciones más importantes del mundo, para tratar el problema y asumir compromisos.
Se institucionalizó entonces el concepto del “Desarrollo Sustentable”, que sintetiza la consigna de que el mundo debe seguir desarrollándose, para atender a las necesidades crecientes de la humanidad; pero tiene que hacerlo de modo tal de preservar los recursos naturales, para que las próximas generaciones puedan hacer lo propio.
En este punto creo que hay acuerdo general, el problema está en calificar a las actividades sustentables. Obviamente, en este camino se afectan muchos intereses, muchos negocios. Pero no por ser negocios rentables, dejan de ser ecológicamente sustentables.
Pero tenemos que entender que existe un requisito superior, que consiste en preservar al planeta por una parte y alimentar a la humanidad por el otro. Es ese el desafío de la agricultura, en el sentido amplio del término.
Conflicto o mal entendido
Es en este punto, en el que se ha planteado un conflicto que involucra a ecologistas y productores.
Debemos comprender que el conflicto no lo produce la ecología, sino la ideología de grupos militantes y la irresponsabilidad de algunos empresarios, que alimentan el conflicto con los malos ejemplos agronómicos, que implican: egoísmo, ignorancia e irresponsabilidad.
El tema más serio en este sentido es el desmonte irresponsable, sin seguir las normas. El manejo de hechos consumados. Primero desmontar y después discutir, pagar penas, etc. Eso no es lo que defiendo.
El cultivo de soja, más allá de las referencias económicas, agronómicas, nutricionales, tiene implicancias mas serías, que los argentinos debemos superar para bien de todos, en las que hay responsabilidades compartidas.
Recordemos, como ya se dijo que la soja, es la principal fuente de proteínas vegetales, poseedora de todos los aminoácidos esenciales, que el ser humano no puede fabricar y debe tomarlo de vegetales como la soja o de proteínas animales. De estos últimos, solo los rumiantes pueden fabricar proteínas con todos los aminoácidos esenciales. Los mono gástricos, como aves, peces y cerdos, requieren recibir en la ración una fuente de proteínas con todos los aminoácidos esenciales.
De ahí que podemos decir que sólo que la soja no es un producto económicamente estratégico, es un producto vital.
Menos soja, menos vida
Podemos decir, ante el movimiento especulativo de los Fondos en el mercado internacional que: “el oro se guarda, mientras que la soja se come”. La consume la humanidad y los stocks - lo que queda al final de cada ciclo de producción y cosecha de soja – son constantes y bajos. Esto quiere decir que el consumo crece, junto a la producción.
Más allá de la compra-venta de soja y derivados en los mercados: hay una oferta y un consumo. El consumo fundamental está orientado al consumo humano, indirectamente como vimos.
Hemos caído así en una situación complicada porque el conflicto ambientalistas - producción, no tiende a resolverse porque, porque la confrontación ha ganado a los espíritus.
La confrontación se instala entre la actitud militante de econologistas, que ignoran los fundamentos de los procesos y por otra parte de algunos empresarios irresponsables, una minoría, que no respetan reglas, se basan en hechos consumados, no tienen ningún compromiso con la sustentabilidad y no respetan las buenas prácticas agrícolas. Por lo que deberían ser sancionados.
Por eso debemos apelar a la racionalidad, la ciencia y al respaldo que la misma ofrece a los procesos.
Creo que en los últimos años se ha incrementado en forma significativa el acceso a la información, pero tenemos que tener cuidado con la veracidad de la misma. Esta, no depende de la buena voluntad, sino del rigor y su respaldo científico.
Entiendo que no es fácil para la gente común, discernir entre lo verdadero y lo falso, cuando cualquier opinión es publicable.
Mi idea es que es un caso emblemático, para comprender las oportunidades de nuestro tiempo y las amenazas que el desarrollo y el bienestar tienen, a veces por ignorancia, siempre por falta de diálogo. Pero, también reconocer que hay una resistencia sistémica al progreso, impulsada por una actitud militante, que obedece a ideologías y resentimientos propios de los seres humanos, pero que si bien son comprensibles, no son justificables por carecer de rigor y por la consecuencia que la falta de desarrollo trae.
Por eso, me parece conveniente enmarcar al cultivo de soja, en un marco más amplio de cambios de paradigmas fundamentales para el desarrollo de Argentina y de su población.
Impacto de la producción de soja en el Desarrollo Nacional
Tenemos que pensar en las implicancias, de este crecimiento no sólo en las divisas para el país y los impuestos que se recaudan; tenemos que pensar en la industria semillera, maquinaria agrícola, fertilizantes y productos químicos. Pensemos en los transportes y es recomendable hacer el ejercicio del impacto de la economía sobre el desarrollo y la calidad de vida del interior: la “vida urbana rural”.
Por otra parte, deseo destacar que fue una actividad netamente privada, la que el Estado acompañó, fundamentalmente permitiéndolo y también lo ha frenado con los costos que le ha cargado. Pero es destacar que acompañó con medidas como la desregulación portuaria y de la biotecnología.
Pero sin duda la creatividad y el esfuerzo estuvieron en el sector agropecuario, en un sentido amplio, como una cadena productiva.
Socialmente hablando
Entiendo que las empresas y los individuos, que como resultado de su actividad, su creatividad, sus inversiones y su suerte, consiguen progresar, satisfacer sus necesidades y más, tiene un compromiso moral de ayudar y de no escandalizar con sus actitudes. Se debe comprender y ayudar, contribuir económicamente en forma voluntaria, para mejorar la sociedad en que vivimos. No es un acto obligatorio, es un acto generoso que ayude a paliar algunos problemas, que están más allá de todas las responsabilidades. No se trata, de discutir de quien tiene que ocuparse.
Yo creo que la sociedad no espera esto, pero lo recibiría con agrado, ayudaría a cambiar el ánimo.
Hace pocos meses falleció Steve Jobs, el fundador de Apple y de tantos otras genialidades, el mundo se manifestó consternado por su muerte, nadie hizo referencia a su riqueza, cualquiera sea, se la merecía.
Yo creo que la población espera de los productores sojeros otra actitud, creo que es lo único que le hace falta a la producción de soja.
Creo que muchos de los aspectos que he comentado con preocupación se irían disipando para bien de todos.
Por Víctor Trucco:
Empresario agropecuario
Presidente Honorario de AAPRESID.
Presidente de Bioceres S.A.
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