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La noticias nos sorprenden, llegan porque sí, porque estamos vivos. Esperando el cambio en un kiosko, y abriendo con ansiedad el paquete de pastillas con el que pretendo reemplazar al cigarrillo. Como siempre, luego del primer cachetazo, el mismo se va ampliando, ya no son quince los heridos y ya bien avanzada la mañana una pregunta que hasta nos resulta inapropiada, desliza: ¿muertos no?
Luego, el torrente de imágenes que nos atrapa morbosamente y que nos enfrenta una vez más a seguir girando en la calesita de los locos que esperan que la cosa cambie a pesar de seguir haciendo siempre las mismas locuras. Te refugias en la mesa más lejana del café, como para no tener una visión clara de los cuerpos que pugnaban por una ventana y no precisamente en un viaje de placer. La gente tiene más información de la que uno imagina. Ya es muy difícil que los responsables se quieran mimetizar, haciendo una verónica, con los muertos y los heridos.
Hay mucha información y coincidencias para que se vaya asociando que los concesionarios son los mismos que tenían ciertos gestos hacia el renunciado secretario de transporte anterior, al que si bien eyectaron, no lo abandonaron, el juez amigo, ha descartado las pruebas que lo incriminaban por un descuido en la protección de aquellas por parte de la policía. Ha pasado tiempo que es lo que le va bien a los pillos, tenemos tantas todos los días que a los dos o tres años, los escándalos los tenemos que repasar pues nos va ganando el olvido. Si los mismos amigos que siguen con la concesión del ramal accidentado, son los famosos manos sueltas para con los funcionarios, ¿para qué lo sacaron al anterior? ¿Por un avión que según dicen le habían regalado? Un jet en el que nuestro aplicado secretario se paseaba, sin recibir un tirón de orejas por parte de quién también recibía otra valija y se supone que por lo menos había que disimular. No, que va. La hicimos y la vamos a disfrutar. Como no me compro una Harley, un bulo en Puerto Madero y aunque la presi me tilde de concheto, nada más que para ir a dormir la siesta.
No puedo creer que siempre estuve en la vereda de enfrente, precisamente, donde no repartían caramelos. Usted dirá que es suerte, me atrevo a decirle que son negocios, las famosas cajas del poder. O nos vamos a creer que por simpatías le dan los subsidios que han cobrado y nadie les ha supervisado el destino de los mismos. No hay muchas vueltas que dar, o a quienes nos gobiernan los pasan al galope en los primeros cien. Hoy frente al hecho consumado, un jefe bien puesto, estaría con todo el peso de la ley metiendo en cana a los responsables de la concesión, si estuviera libre de sospecha. Caminando por el andén desolado y tendiendo su mano en un gesto que solo una madre puede entregar a otra cuando llora a su hijo. Si todo se hiciera bien no tendrían que andar escondiéndose y presentando a uno que otro ministro, a los que no les salen palabras coherentes, porque detrás de la careta ellos saben dónde está la plata que no se invirtió correctamente. Ahora bien, estos no son los únicos felices destinatarios de los subsidios, hay más, muchos más.
¿Hasta qué cifra ascenderá la caja y a cuántos hay que comprar?
¿Cuándo empezó esto o no terminó desde la época de Menem? ¿Cómo lo heredó la señora y si no le gustaba el estilo, como la convencieron que el show debe seguir? ¿Cuál es la cifra que deja satisfecho a un político, como asegurarse la vejez, la de sus hijos, nietos y amigos? Parece que son insaciables. No se quedan con “un Diego” como en otros tiempos y algo hacen, no se roban todo y ya no podemos andar con parábolas, para decir Gregorio. Tomemos conciencia del atropello para que se hayan comprado trenes a España y desarmarlos acá, y nadie preso, ¿fue gratis? No festejaban en el quincho de la quinta luego de sacarse fotos relanzando el soterramiento del Sarmiento tres o cuatro veces y sonriendo para las fotos. ¿Dónde están los trenes enteros que se han robado y desviados hacia una vía muerta que tiene un destino cierto?
El bolsillo de payaso, profundo, donde si nos ponemos a revolver podremos encontrarnos con caramelitos para ingenuos y con mucha vergüenza que la han perdido, quienes nos mienten todos los días que están pensando en nosotros, cuando en realidad están pensando en sus negocios, que consisten en diagramar un sistema perverso para quedarse con el país que dicen querer tanto.
Eso les creo. Lo quieren tanto que se lo quieren llevar a la casa.
Por Danilo Gallay
Dinámica Rural
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