| |
El camino como siempre se ofrece, de nosotros depende adonde queremos llegar. Más allá del destino elegido y mientras avanzamos, la soledad también invita y el pensamiento nos lleva a través del tiempo.
Al costado del camino los terraplenes del ferrocarril de siglo y medio, se muestran firmes e inalcanzables para las aguas de lluvias e inundaciones que han bregado en todos estos años llegar a los rieles. Uno se pregunta: ¿cómo lo hicieron? Pensando, analizando el régimen de lluvias, pendientes y dejando a través de los puentes los pasos del agua correspondientes. Es lógico y parece fácil hasta que vemos con que herramientas contaban. Hachas, picos, palas de buey y la decisión de hacerlo. Entre los años 1870 y 1895, se construyeron todas las líneas ferroviarias de la Provincia de Santa Fe. En sólo 25 años: terraplenes, tendido de vías, estaciones, estuvieron listas acompañando el desarrollo de la Agricultura y de la incipiente Agroindustria, conectando un rosario de pueblos. Un pozo en la cinta asfáltica de la autopista Rosario-Córdoba, nos vuelve al presente. ¿Cuánto hace que la estamos construyendo?, ¡Más de veinte años! Con la maquinaria y la tecnología que hoy está disponible nos tenemos que preguntar: ¿QUÉ NOS PASÓ? ¿Eran distintos quienes planificaban el futuro? ¿Estaba por sobre los apetitos personales y partidarios el desarrollo y el bien común? Se visten de fiesta los gobernantes para la inauguración de un tramo de 18 kilómetros y luego tenemos que soportar que los repitan hasta el cansancio a través de los avisos televisivos dando cuenta de la gestión. ¡VERGÜENZA DEBIERA DARLES! ¡No quiero imaginar que tendrán planeado para cuando la terminen!
Un carretón que me precede transporta una cosechadora de última generación, no me adelanto, la observo y viajo otra vez en el tiempo. ¿Qué dirían quienes cosecharon cinco millones de toneladas de trigo en 1904? Imagino el asombro y luego la desesperanza al saber que sólo cosechamos menos de ocho millones de toneladas en la última campaña. Ellos también se preguntarían: ¿QUÉ LES PASÓ? En voz baja por supuesto para no incomodarme. No les cuento que ya no hay que levantarse a las tres de la mañana a juntar los caballos para atarlos al arado, ni que a una distancia prudente puede ir una sembradora detrás de la mole que nos precede, ni que hay que cargar los carros y luego los barcos llevando una bolsa al hombro. Como se los explico. Cierro por un segundo los ojos, viajo y los dejo allá por mil novecientos cuatro, preguntándose por la alucinación que tuvieron viajando al futuro. A nosotros también nos pasa lo mismo cuando viajamos al pasado. Nos cuesta comprender quizás por no estar a la altura de la actitud que tenían más allá de las urgencias, como el hambre que venían a saciar. Nuestros desencuentros se amontonan en una muralla infranqueable que no nos atrevemos a perforar. Es tan difícil de explicar como de entender. A quienes vinieron en busca de un destino no entenderían que un millón de sus descendientes se han ido en busca de un futuro que se les niega en esta tierra que a Ellos se les ofreció llena de posibilidades. No podrían entender que hay desnutrición y se mueren niños de hambre en LAS TIERRAS DEL PAN LLEVAR!
Como lo van a entender si nosotros no lo podemos asimilar. Como explicar que en vez de reparar y brindar lo necesario a los hospitales, se destinen millones para transmitir fútbol, y encima nos quieran convencer que nos están haciendo un favor. El camino se ofrece tangible frente a nosotros para llevarnos y la mente también se ofrece para enfrentarnos al pasado que nos golpea y a la realidad que trata de confundirnos. Elijamos el mejor destino cuando podemos hacerlo y dejemos un lugarcito para acuñar un sueño, como el que tuvieron nuestros antepasados que nos inventaron un mundo de la nada. |
|