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Dos “palos” en la rueda
por Danilo Gallay

 
  dospalos  
 

Hace ya unos cuantos meses que, "no pongan palos en la rueda", es la frase infaltable, en cada uno de los discursos de nuestra señora presidente, y de sus más cercanos colaboradores.

La frase acompaña cuanto proyecto de ley llega al palacio del congreso, tratando de movilizar a la tropa propia y a la oposición hacerla sentir incómoda o descolocada frente a la opinión pública.

Si bien la frase tiene actualidad, no es de reciente incorporación al uso del soberano. Ella viene de la época de los carros, de los tiempos de aquellos artesanos, que con sus manos daban a los elementos la forma de noble herramienta. Algunas sencillas casi primitivas y otras muy paquetas, que lucieron los primeros esbozos de los fileteadores que así preparaban la mano esperando los colectivos y camiones, para dar rienda suelta a todo su arte.

En los tiempos que vivimos si bien la rueda acrecienta su vigencia y sigue siendo una redonda invitación al infinito, pienso que es muy difícil ponerle un palo, ya que carecen de de aquellos rayos, que a determinada velocidad, por la ilusión óptica, parecían que giraban al revés.

A las ruedas del moderno automóvil, que conduce a nuestra máxima autoridad, ni pensar en las de los aviones a reacción que la llevan a "su lugar en la tierra", léase Calafate, se me hace que es imposible ponerles un palo, para dificultar se desplazamiento.

Sin embargo todo es posible y alguien muy cercano, de su entorno íntimo, logró poner allí, "dos palos" de color verde, entorpeciendo la marcha.

Si bien, el poner palos en la rueda, es una figura por demás gráfica, pues uno se imagina a la endeble carretela girando en la mitad de la calle polvorienta, apoyada en la rueda trabada y un caballo desorientado que no entiende por que no avanza. De igual modo y utilizando el lunfardo, los "dos palos verde", son otra figura del idioma de la calle y el sueño de tanto cabulero que juega a la lotería soñando salir de pobre.

Ya agotado el tema por el ex presidente del Banco Central, y por los opositores que sobrevuelan a la presa, vamos a preguntarnos si la compra justificaba tanto espacio en los medios.
Nos han vendido tanta información dudosa, que uno se pregunta a solas, frente al desafío del papel en blanco. ¿Por dos millones se hacen tantos problemas? No los estoy despreciando, hago comparaciones tan simples, como lo haría mi amiga "Doña Potola". Si están buscando hábiles fiscales y jueces de insospechada moralidad, los papeles del avión de un secretario de la administración, pues sospechan que lo compró pues no le gustan los aviones de línea, y que vale la friolera, me domina el "lunfa" y los modismos tan de actualidad, de cuatro millones y medio de dólares, algo no me cierra.

Podríamos seguir con otros secretarios de mucho menos rango en la escala y mirar en las revistas la mansión, que oh casualidad!, también está en el Calafate, y que no concuerda con lo que uno se imagina debe ganar alguien, que maneja la camioneta de nuestra señora Presidente, atiende el teléfono y procura que la señora tenga siempre a mano una botella de agua mineral.

Está demás seguir buscando alguna brasa encendida, entre las cenizas de este gran incendio. Se han publicado una buena cantidad de libros, fruto de una exigente investigación que no vale la pena que este aprendiz de escriba los aburra con citas y con cifras.

Me quedo pensando en las intenciones de quien puso los dos palos en la rueda. ¿Fue sin querer? O producto, según dicen de la impunidad que otorga el poder.

Me tocan suavemente el hombro y al girar Doña Potola, con una sonrisa pícara me señala, "un palo era de él". ¿Y el otro? Pregunto ingenuo. Era de ella, ud. ya no está en edad de ser tan ingenuo...

 
 
 
 
 
 
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