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El Ahorro como base de la FORTUNA por Danilo Gallay

 
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Los domingos, invitan a caminar, disfrutando de esas horas de descanso, que nos ganamos durante la semana.

La rutina, de la que siempre rezongamos, pero a la que terminamos por darle la mano, aceptando su convite, me llevó como siempre a la Plaza Dorrego, en San Telmo.

Entre servilleteros de plata, que engalanaron aquellas mesas de otro tiempo y relojes de bolsillo que nos sorprenden con su incansable corazón, que aún sigue palpitando, me sorprendió una libreta de la Caja Nacional de Ahorro Postal.

La cubierta de cartón semiduro, donde la silueta de un niño colocaba una moneda en la alcancía. La tomé en mis manos y apoyando el pulgar, en las hojas gordas de estampillas, las hice girar, hasta encontrar las que estaban en blanco, es decir el momento en el que nuestro ignorado soñador, se había cansado o se había dado cuenta que tanto sacrificio, había sido en vano.

Hablo de la época, en la que los padres y los maestros nos hablaban de que el ahorro era la base de la fortuna. Para comprar una estampilla de un peso, había que empezar juntando moneditas, y para eso teníamos nuestra chanchita como paso previo.

Las había de metal, pero las más populares eran de barro, con un tapón lacrado en la panza, para no tentarse o directamente herméticas, a las que rompíamos una vez que las habíamos llenado.

Hablo de cosas que pueden resultar desconocidas para los jóvenes, pero que siguen teniendo vigencia.

Aquellos que en otro tiempo olvidaron sus pesitos en las estampillas de la caja de ahorro, se replican en los ejecutivos que apostaban al sistema privado de jubilaciones, que se esfumó igual que la caja de ahorro, al menos en su función de preservar los ahorros de los niños.

En idéntica condiciones quedaron quienes más avezados y desconfiando de nuestra moneda, abrían una cuenta en dólares para depositar sus ahorros.

Todo legal, desde las estampillas, a la jubilación y a los depósitos en dólares, los protegía el Estado y los bancos ofrecían su respaldo.

¿Quiénes fueron los responsables de tal atropello a tantos sueños, al fruto del trabajo y arruinaron los planes de tantos ciudadanos?

N U E S T R O S G O B E R N A N T E S!

Que también se dieron tiempo de apropiarse de los fondos de todos los jubilados y los condenaron a la penosa situación de pedir ayuda a los hijos para subsistir.

Si usted, pide explicaciones, tienen siempre a flor de labios una excusa para justificar la rapiña.

A quienes les dimos un cheque en blanco, con la confianza de nuestro voto, le pusieron cifra y lo cobraron por ventanilla.

En nombre del Estado, que sigue creciendo, todo es válido.

Han nombrado a todo pariente que se cobija a la sombra del árbol genealógico y le aseguran el futuro como legado.

Por supuesto que tampoco faltan los amigos del partido y ya usted, no se sorprende ante las denuncias por enriquecimiento ilícito.

Los fiscales y jueces que miran para otro lado, son los cómplices necesarios para tanta impunidad.

¿Qué podría decirme hoy mi abnegada maestra, que me alentó a llenar de estampillas aquella libreta de ahorro, si la señora vida me regalara el milagro de encontrarla nuevamente?

Prefiero evitarle el disgusto, que tenga masticar su prédica, ante tanto desatino y en vez de hacerla viajar al presente, por unos minutos me llevaría de viaje a tanto vendedor de ilusiones que nos siguen robando los sueños, a que miren a tantos niños con sus monedas y sus sueños, comprando estampillas en el correo.

Sería una buena bofetada, para que volvieran a sus cómodos despachos sin olvidar la mirada de tantos inocentes, a quienes traicionaron los sucesivos gobiernos, quienes luego del primer impulso renovador, de los primeros meses, van claudicando, a medida que dejan entrever sus limitaciones, que no les impide hacerse de una fortuna sin haber ahorrado

Nunca, una moneda fruto de su trabajo.

¡Nos deben señores!

Igual que la caja, que los bancos, que la jubilación privada, la de reparto y los responsables de que las jubilaciones, sean como en los juegos de aquellos niños inocentes que ahorraban, un pito catalán.

Señora, si tiene una alcancía de las chanchitas sería bueno.

Y una libreta de ahorro de la caja ideal.

 
 
 
 
 
 
 
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