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La invitación va, para todos aquellos que nos miran desde las más remotas latitudes sin poder disimular su envidia, por no poder vivir en nuestro país. Luego que nuestros representantes, se percataran que el sistema jubilatorio privado era una estafa para los futuros beneficiarios, y decidieran que, debíamos volver todos al sistema de reparto, ya nadie por estas tierras va a tener sobresaltos en su vejez. Como no venirse a vivir a la Argentina! Y esto es sólo un botón de muestra, al poco tiempo, nos sorprendieron con la compra simbólica en un dólar, y nacionalizaron Aerolíneas Argentinas, Bingo! Ahora podremos viajar felices hacia cualquier rincón del planeta, con nuestra línea de bandera. Como para que el mundo se siguiera sorprendiendo, rescatamos, ya que estaban secuestrados los goles. ¿Cuánto cuesta que podamos verlos a cualquier hora? Qué importa soy rico vayan gastando, decía Don Julio Mijno en su milonga, "Tengo un amigo porteño". Cómo no va a resultar atractivo residir en estas tierras, si a los periodistas que enviaban malas ondas en sus crónicas diarias, los han mandado a vacunarse contra la rabia.
Otro hallazgo. El único problema es que las nalgas ya no aguantan tanto pinchazo. Pues llegado el otoño también hay que vacunarse contra la gripe. Pero eso sí, ahora felices, marcharemos a un nuevo dardo que traerá unas gotas del elixir de la alegría. La vacuna Ja Ja, contra las caras amargas que aún quedaban por estas tierras y que no se habían percatado que una cosa es vivir en el primer mundo y otra es hacerlo.
En este país donde todo está en marcha, según nos cuentan los mensajes entre gol y gol.
Imagino una rueda de parroquianos alemanes tomando una cerveza y mirando el mundial por televisión. Qué frustración sentirán, cuando las cámaras enfocan las tribunas pobladas por hinchas argentinos, que no sólo van a ver los partidos sino que viajan quince días antes con sus jugadores para acompañarlos en la vigilia, para que no se sientan solos. Un país donde el que quiera ver el mundial puede ir aunque este en libertad condicional. Si a usted le gusta el futbol, aquí no hay barreras que le impidan disfrutar del espectáculo.
Qué tierras, se relamen quienes deben trabajar arduamente para cosechar sus granos. En la Argentina sólo hay que salir con las máquinas a juntar lo que produce un yuyo, llamado soja y con los dividendos alcanza para distribuir subsidios a cualquier emprendimiento.
Cómo es posible tanto poder adquisitivo se preguntaran los ahorrativos suizos, leyendo las declaraciones juradas de algunos secretarios, de nuestra máxima autoridad y mirando sorprendidos las casonas que construyen en el rincón soñado del mundo. Quienes contemplamos el sol desde la tierra prometida nos debemos arrodillar cada mañana y dar gracias por ser los elegidos de los Dioses. Han pasado dos siglos y si bien hemos podido permanecer en el anonimato durante muchos años, llegado el tiempo de la globalización ya nada puede quedar aislado y los habitantes del mundo nos miran con muestras de sobrado apetito. ¿Cómo haremos para seguir construyendo en la villa 31 para albergar a tanta gente?, pues la cosa es vivir cerca del Patio Bullrrich. Otros tiempos eran aquellos cuando la gente buscaba ir a trabajar al campo y florecieron los pueblos de la pampa gringa.
No señores, ahora todo es más fácil, cualquiera que llega a estas benditas playas, puede juntar postes y unas cuantas chapas y se arma una casita precaria en el lugar que se le cante. Nadie lo va a molestar, al contrario, va a presentarse algún puntero político y lo asesorará sobre todo aquello, que le brinde una ventaja. Sin son varias familias, al poco tiempo pueden pedir que urbanicen la barriada y reclaman servicios de electrificación, cloacas y por qué no teléfono y cable de televisión. Luego se puede presentar otro más pícaro que le va a decir que mejor seguir como está pues se puede colgar de la luz y pedir subsidios, como para tener una base y luego con un par de changas, con un trapito, o haciendo malabares en un semáforo, por estos lares se puede vivir.
Ha llegado el momento, de ponernos en estado de alerta señores, pues los habitantes del mundo se vendrán a la Argentina.
¡O acaso podemos pensar que todo este festival lo íbamos a disfrutar nada más que los hijos de esta tierra! No, señores a ajustarse los cinturones que entramos en zona de turbulencia y los que tienen el noble privilegio de producir alimentos, redoblen esfuerzos pues vamos a ser muchos más a la hora de sentarse a la mesa.
por DANILO GALLAY |
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