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8 de Septiembre, Día del Agricultor

 
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Cuando arribaron los colonos a Esperanza, Santa Fe, ni al más soñador se le podía ocurrir que la fecha de la fundación de la Colonia, se convertiría con los años en una referencia tan importante. Conmemorar el DIA DEL AGRICULTOR, el 8 de septiembre, es el homenaje merecido a la voluntad y al espíritu de LAS FAMILIAS FUNDADORAS.

Quienes se aventuraron hacia el corazón de la tierra, para encontrar su sitio en el mundo, sabían que no había vuelta atrás. No había lugar para Ellos en el viejo continente y quizás allí residía la reserva de una fortaleza que los empujó a la aventura, al desmonte, y acompañar con una oración cada puñado de semillas que volaba de sus manos. En pocos años luego de los fracasos iniciales, los trigos, producto de aquel sueño, junto con el de otras Colonias, llegaban a Europa. Por tal motivo, Nicolás Avellaneda, nuestro Presidente por aquellos días, decía en carta, al gobernador de Santa Fe, Don Simón de Iriondo: "La presencia de nuestros cereales en Europa, es el acontecimiento capital de la época. Debe ser festejado por una fiesta nacional. EL PRESIDENTE IRA Y PRESENTARA A LOS CUARENTA MIL COLONOS DE SANTA FE, A LA EXPECTACIÓN DEL MUNDO. SERA LLAMADA LA FIESTA DEL TRABAJO O LA FIESTA NACIONAL DEL CEREAL".

Respirando el mismo aire que aquellos pioneros, caminando las mismas y empapado del respeto por los mayores que había en otros tiempos, Don José Pedroni, le dedicó su poema, donde refleja la epopeya. "Esperanza con tu nacimiento se alegró la tierra, fue el día de la Virgen, no fue un día cualquiera...”

Hoy, para quienes la agricultura y quienes se dedican a la noble tarea de sembrar EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA, son sinónimo de oligarquía, y avaros que disfrutan de una renta extraordinaria, no sólo ignoran recordar la fecha, sino que esperan doblegar el espíritu heredado y ponerlos de rodilla, sometiendolos a un simple trabajo de esclavos, que deben producir alimentos a los precios que dicta su política populista.

EL PRESIDENTE IRA, decía Avellaneda, orgulloso de nuestras exportaciones, hoy exportar depende de la buena voluntad de los funcionarios que manejan los permisos, para que los feliciten desde Olivos, por leales a la causa, profundizando el modelo.

Hacia el frío bronce del monumento al Agricultor, que se yergue altivo en la Plaza de la Colonia Esperanza, y donde palpita el corazón de la tierra debiéramos dirigir nuestros pasos, para reencontrarnos, para abrevar en la fuente, un soplo del espíritu de las FAMILIAS FUNDADORAS. Volveríamos con el alma fortificada, para enfrentar las miserias de la vida que nos proponen, y dispuestos a planificar el futuro. Cada 8 de setiembre, tendríamos que salir quienes estamos ligados a la tierra, a repartir en los pueblos y ciudades una espiga de trigo, símbolo inmaculado de pureza y buena voluntad, para que recuerden quien es el responsable de los alimentos y como un homenaje a quienes nos legaron las bases de nuestra agroindustria.

Por Danilo Gallay

 
 
 
 
 
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