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Mucho más que una balanza
Todos los días, en nuestras tareas diarias casi sin percibirlo, llevamos adelante el ritual de “pesarlo todo”. De buscar incansablemente el equilibrio. De encontrar a cada cosa su medida, y de proclamar los excesos cuando algo parece demasiado para tan poco. O tal vez la carencia, cuando algo parece poco para lo deseado.
Por ello resulta escaso considerar que este útil instrumento de pesaje que llamamos “balanza” pueda definirse únicamente por su función, que si bien es básica en nuestras vidas, tiene la complejidad de una carga histórica y simbólica que le impregnan un valor más allá de lo cotidiano.
El término “balanza” proviene del latín: bis, dos, lanx, plato. Y en su nacimiento se puede decir que fue una palanca de primer género de brazos iguales que mediante el establecimiento de una situación de equilibrio entre los pesos de dos cuerpos permitía medir masas. Esta herramienta elemental ya aparece representada en el Antiguo Egipto en numerosos bajorrelieves y papiros. En el Libro de los Muertos, que data del segundo milenio A.C., aparece la balanza de platillos, que se usaba para comparar el peso del corazón del difunto, símbolo de sus actos, con el de la pluma de la diosa Maat, símbolo de la Justicia y Orden Universal.
Pero también, nuestro instrumento de medición tiene en sí la carga simbólica que a través de los tiempos le ha agregado la civilización. Y es, ni más ni menos, que símbolo de la Justicia y del Derecho, dado que representa la medición por la cuál se puede dar a cada persona lo que es justo y necesario.
Por eso fabricar balanzas, aunque ahora sean electrónicas, y tengan otras formas, funciones y colores, conlleva una misión y una visión que implican responsabilidad y compromiso frente al producto, a su función y al cliente. La balanza está tan cargada de significados, que el fabricante necesariamente queda anclado a la naturaleza de su producción. Hacen falta dones especiales, como la sensibilidad, la excelencia, la investigación, el servicio y la prueba constante, como también el desarrollo permanente.
Así es que en el mismísimo corazón de la Pampa Argentina, que se ha dado en llamar Venado Tuerto, todos los días del año la gente de Balanzas Hook elabora sus productos, con la certeza de que no es cualquier producto, sino aquel que lleva en sí todas estas características y virtudes que se mencionaron.
Será por ello que el personal de la fábrica construye sus propias celdas de carga y monitores, con el orgullo de ser un “producto argentino”. Un producto nacional de alta calidad tecnológica que se exporta a lugares lejanos como Sudáfrica, Australia, España, entre otros. Y también a países vecinos, como Brasil donde cuenta con una sucursal propia y a través de sus representantes locales a todo el país y Uruguay.
Si se trata de listar productos, se pueden mencionar las distintas líneas que componen una completa paleta de productos: línea de balanzas para hacienda, para granos, para camiones y los nuevos desarrollos para extractora de granos y fertilizadora.
Pero más allá de cada uno de estos instrumentos que tienen garantía de calidad y de servicio, es importante recalcar que una marca que pesa, no lo hace sólo por sus productos, sino que a través de ellos, en un complejo entramado social, la marca vive y permanece en el tiempo, porque detrás de ella, o en sus entrañas existen personas que día a día entienden el valor simbólico de aquello que producen.
En Hook, se ha logrado el mix ideal, que mezcla en su justa medida los valores humanos, técnicos y comerciales, para ofrecer alta calidad, servicio y negocios amigables.
Comunicaciones HooK. Andrea Fiadone |
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