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Hablar de necios parece duro, aunque si uno recurre al diccionario parece ser la palabra apropiada, para definir a aquellos que hablan de lo que ignoran y podrían o deberían saber. Los necios hablan imprudentemente de lo que no saben, pretendiendo informar e instruir a la población, por eso “la pretensión de los necios”, podría ser el titulo de un libro interesante.
Los necios a los que me refiero se proponen demostrar que la producción de soja, es un fenómeno de "pobres contra ricos"; que producir soja es un fenómeno desbastador de la sociedad y el medio ambiente y que a los productores de soja, no les importa generar pobreza, ni destruir el medio ambiente; movidos por la codicia y el afán de enriquecerse.
¿Por qué de la soja, una planta, que constituye la principal fuente de proteínas vegetales, que puede reemplazar a la carne, la leche o los huevos, se habla con una connotación negativa: sojización.? ¿Por qué de una leguminosa, que tiene la propiedad de fijar el nitrógeno atmosférico, por asociación con microorganismo del suelo y que se siembra desde hace 5.000 años, se dice con fervor que agotará los suelos?".
Esta afirmación, tiene una alimentación ideológica, que pretende convencer a la población de que existen pobres y de que el medio ambiente está amenazado, porque se siembra soja.
Los necios no saben de soja, pero están convencidos que si alguien gana, tiene que haber una víctima: los pobres.
Se aprovecha la ignorancia que la población tiene del proceso productivo, para alimentar una idea política, que consiste en creer que la pobreza es resultado de la riqueza de algunos: en este caso los productores sojeros. Lo que nos lleva a concluir según este razonamiento, que si no hubiera ricos, no habría pobres. Esto es verdad, en este sentido: todos seríamos pobres. Lo que no conseguimos es superar la pobreza.
Pero este análisis no termina con la consideración de la pobreza, sino con la seguridad alimentaria porque en este caso la soja genera: proteínas y aceites, elementos vitales para la nutrición humana. Si no se genera riqueza, tampoco se generan alimentos.
La carne, leche, huevos se pueden sustituir con soja, pero la soja no se puede sustituir con carne, leche o huevos, porque estos productos se consiguen transformando proteína vegetal, en proteína animal. Los animales, incluido el hombre no fabrica proteínas, porque no puede sintetizar los aminoácidos esenciales y la soja es, la principal fuente de proteína vegetal.
El experimento Kirchnerista
Como todo proceso productivo, la agricultura genera requiere inversiones y genera trabajo, tanto por la demanda de insumos, servicios y herramientas, que el proceso agrícola requiere; como por trabajo e inversiones en los sectores y poblaciones relacionadas.
El actual gobierno, sin proponérselo ha realizado un experimento socio-económico, sin precedente, que consistió en lograr la paralización del sector agropecuario en general. Ya no me refiero solo a la soja, sino a la agricultura en general y en particular a la producción de carne y lácteos.
Los resultados están a la vista, se logró un impacto fenomenal en la economía nacional, que terminó con un período de crecimiento, paralizó la economía del interior del país y del país después, generó desocupación y una cantidad de fenómenos que están en los diarios de todos los días.
Podríamos decir en estos días, recordando a Bill Clinton: ¡Es la soja, estúpido!; ¡Es el campo, estúpido!.
Esta determinación imprudente de las autoridades de la Nación, ha generado una condición única en el mundo que puede satisfacer la curiosidad de los científicos económicos y sociales, de estudiar los impactos que tales decisiones han tenido en la situación de la economía de un país. ¿Qué pasa si se para la producción agropecuaria?, sería el título del estudio.
Es un estudio imposible de realizar en otra parte del mundo contemporáneo y supongo una experiencia que no se volverá a repetir. Si bien siempre hay necios, es poco frecuente que estos lleguen a tener un poder semejante, para lograr tal intervención en el desarrollo de una sociedad.
Los científicos razonan globalmente, se apoyan en masas anónimas y estadísticas. Argentina les puede proveer esos datos y esas estadísticas, aunque los necios distorsionen la fuente oficial de estos datos, me refiero al INDEC. Pero no podrán modificar los datos finales, cuando esta pesadilla se termine. Habrá datos, antes y después, de aplicar políticas de estado: control de precios, cierre y obstrucciones de exportaciones. Falta de transparencia, etc. Estas intervenciones aumentan el costo de las transacciones, porque generan incertidumbre, ¿se podrá exportar?; ¿podrá cargar el barco el día previsto?; ¿podrá cumplir el proveedor argentino con su compromiso?.
A cerca de la soja, decían los estudiantes de Pergamino en 1973
“Hace milenios, las civilizaciones orientales cubrían sus necesidades alimenticias con sus requerimientos en proteínas, hidratos de carbono y grasas, merced a una planta que además de producir un poroto de alto valor nutritivo, sus hojas proveen de forraje al ganado y en su raíz habita en simbiosis un microbio capaz de tomar el nitrógeno del aire y fijarlo en el suelo fertilizando los campos”.
La soja tiene en su composición el doble de proteínas que la carne vacuna. Produce en nuestro país veinte veces más proteínas por hectárea que la producción de ganado de invernada.
En 1970 se produjeron en Argentina, 50 mil toneladas de soja. Es el primer registro de producción conocido. En la cosecha 2007/8, se estuvo cerca de los 50 millones de toneladas; mil veces más.
¿Qué pasó con la educación en estos 30 años?
La soja se descubrió por el ingreso que representa para el país, pero la soja no es del Estado, ni de la Nación, ni de las provincias, es de los ciudadanos que la producen.
Es de los productores que se dieron cuenta, que adaptaron el cultivo, que aprendieron, que desarrollaron el cultivo junto a técnicos públicos y privados; empresas de insumos e industriales, de la maquinaria y las aceiteras.
Se desarrolló un mercado que hace que la soja, su aceite o su harina llegue a más de 100 países, no fueron los embajadores argentinos lo que desarrollaron este mercado.
Mucha gente vive de la soja, en primer lugar gran parte de la humanidad. Hay soja en las proteínas de las carnes y de los lácteos.
A pesar de eso, los necios quieren terminar con la soja; con lo que se debería terminar es con la ideologización de la educación y la información pública, pero no por decreto, sino por descrédito.
Por Víctor Trucco.
San Jorge, Agosto de 2009 |
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