Publicarg
 

Una mirada sobre la nueva ruralidad
17 de Julio de 2009 "Es la cultura flaco": UNA NUEVA DINAMICA RURAL

 
 
  julio cobos  
 
 

El 17 de Julio se conmemora el día del voto no positivo del vicepresidente Cobos, producto de un proceso de reclamo originado en la reacción de los agricultores que sintieron la violencia de ver cerrada la ruta de las posibilidades de un andar digno en su vida rural.

Habiendo sobrevivido a la década de los 90, en la cual vieron desaparecer a unos 100.000 compañeros agricultores, pudieron instalarse, a partir del 2002, en la ruta de la posibilidad que una nueva agricultura les permitía de desplegar su identidad de agricultores contribuyendo tanto al desarrollo de su proyecto familiar, como al de su región y su país.

Ante la amenaza percibida en las consecuencias de la implementación de la resolución 125, que les “manoteaba” una porción más del valor del ingreso por su trabajo e inversión, reaccionaron ocupando las rutas a principios de marzo de 2008.

(Ingreso= rinde x precio, es el precio lo que volvía a ser afectado por una nueva quita en repetición de la ya realizada en noviembre de 2007 por el presidente saliente antes de la asunción de la presidenta entrante, pasando del 27 al 35% el nivel de la retenciones a la soja).

“Si a nosotros no nos permiten andar por la ruta de la posibilidad de desarrollo con nuestra agricultura, que no ande nadie por las rutas hasta que den marcha atrás con esa resolución”, parecería haber sido el razonamiento de los agricultores autodenominados los “Autoconvocados”.

Esta reacción expresó y explicitó la dinámica rural de una nueva ruralidad ignorada, hasta el año 2008, por una gran mayoría de políticos, empresarios, comunicadores, académicos, y de la opinión pública en general.
Realidad ignorada en cuanto a tejido socioeconómico que sustenta una forma de vivir y progresar basada en una nueva agricultura. Nueva, tanto en lo tecnológico como en lo económico y sociológico.

Esta nueva agricultura, hecha en un 65% bajo contratos de alquiler para poder acceder a la tierra, permitió el desarrollo de miles agricultores Pymes que son los llamados “Sin tierra propia”, que se constituyeron en nuevo y clave actor de la nueva dinámica rural. Con o sin base en chacras de origen y destino familiar, encontraron en esta agricultura la posibilidad de proyección para ellos y sus hijos. Pusieron en juego su saber-hacer en los que integraron conocimientos y comportamientos, lo que dio como resultado una nueva realidad rural producto de una nueva Dinámica Rural.

La reacción espontánea fue derivando en acción coordinada y programada. Acostumbrados a moverse con flexibilidad con sus camionetas de acá para allá, dada las exigencias de esta nueva agricultura “móvil”, y acostumbrados a comunicarse a distancia con sus celulares por la misma razón, ágilmente fueron pasando de la reacción espontánea vital a la acción organizada en defensa de sus posibilidades de proyecto.

Los piquetes en las rutas emergieron como hongos en el sotobosque. Se desencadenaron asambleas de agricultores que se interconectaban para comunicarse sobre los avances en las mismas, se instalaron “campamentos” semejantes a los que cotidianamente se organizan para el trabajo en los campos, y también “fogones” con sus “parrillas”, discos” y “heladeras”, elementos constitutivos de sus equipamientos y de su cultura. Elementos vinculados al hacer que les permite SER agricultores, o sea elementos de su naturaleza cultural.

Los agricultores “Autoconvocados” le dieron una dinámica, su dinámica rural, al proceso de reclamo. Un reclamo que se visualizó inicialmente como sólo por dinero, pero que luego se fue percibiendo con otros componentes sociológico-culturales.

Al tiempo de iniciada la rebelión agraria de los “Autoconvocados, la energía rebelde fue encauzada e institucionalizada en gran parte por las histórica “entidades” del agro (FAA, CRA, SRA y Coninagro) y la derivación en la unión transitoria de entidades (UTE) que conformó la llamada “Mesa de Enlace”.

Esta UTE también expresó una novedad en la dinámica rural. Novedad derivada del nuevo entramado socioeconómico que refleja la interdependencia de los distintos actores y sectores en la vida de los pueblos y ciudades donde la actividad agrícola se constituyó en una base consistente de desarrollo local.

Comercios, industrias asociadas y demandadas, empleados rurales y de los diversos servicios públicos y privados, empresarios de la construcción y sus gremios, asociaciones de profesionales, etc., se fueron acercando a los rebeldes agricultores, entendiendo y luego acompañando su reclamo. Reclamo que, dada la interdependencia señalada, tenía que ver también con las posibilidades de proyección de sus propias vidas.

También se fueron acercando de a poco concejales e intendentes que, superando presiones verticalistas, se fueron animando a reconocer la realidad y la consistencia del reclamo.

Luego vinieron las manifestaciones masivas en Rosario y Buenos Aires con el acompañamiento de una parte importante de los ciudadanos urbanos y de muchos ciudadanos conurbanos. Se sumó también el fogoneo de los medios de comunicación en los que una gran mayoría de los periodistas fueron reconociendo y registrando una realidad rural hasta esos momentos bastante ignorada, percibiendo una “vitalidad” en ella hasta entonces desconocida.

El agricultor y su dinámica rural fueron pasando de ser un sujeto y espacio socio-cultural asociados a lo “primario”, lo “distante de la cultura”, lo “usable por la política económica para obtener divisas e ingresos fiscales de fácil recaudación”, lo “manipulable/manejable con discrecionalidad y sometimiento por su irrelevancia política y su adscripta condición de socios de los proyectos agroexportadores antipopulares y extranjerizantes”, a ser un sujeto y espacio socio-cultural asociados a la “civilidad”, al “desarrollo local”, al “federalismo”, al “republicanismo” y a la “democracia activa”.

La velocidad de este proceso de resignificación social, derivado de la nueva dinámica rural, fue proporcional a la intensidad del destrato equivocado dispensado por el poder político, en esos momentos muy concentrado, en el abordaje del conflicto.

Fue equivocado no sólo en cuanto a desconocimiento del funcionamiento de la economía de esta nueva agricultura, sino en cuanto a registro de la nueva realidad que esta nueva dinámica rural implica. Porque al ser una apertura de un nuevo espacio de posibilidad de vida digna para el nuevo, y a la vez viejo, sujeto agrario, lo que estaba en juego era mucho más que un poco más de dinero a transferir a la caja rosada.

El agricultor se hizo visible y vehementemente presente en la conversación pública mediante su forma de reclamar.

Lo hizo para defender no sólo su economía sino fundamentalmente su deseo de querer/poder SER agricultor. Un agricultor que desea legar a sus hijos no sólo una “chacra” y un poco de capital para financiar el “negocio” en esta nueva agricultura, sino también el “bien cultural” de una forma de trabajar y vivir en dignidad en el despliegue de un saber-hacer agri-CULTURA “cosechando sol”.

El avasallamiento cultural que constituyó el manejo de la política pública, promovida por un gobierno supuestamente progresista, fue una poderosa agresión que generó tamaña consistencia de rebelión. Una rebelión ciertamente acompañada por algunos intereses oportunistas de diversos centros de poder. Cuestión que facilitó la sesgada y falaz conceptualización de la realidad rural, y que fracasó en su intento de confusión, al reducir esa realidad a la sola vigencia de esos intereses dejando de lado el valor y la potencia del genuino reclamo del agricultor desde su ser sujeto cultural. Sujeto en el que se constituye desde y con su cultura en actor principal de la nueva dinámica rural.

Desde esta nueva experiencia y presencia, el agricultor deberá encontrar los recursos políticos para sostener abiertas sus posibilidades y deseo de SER (agricultor) en el juego de intereses de las cadenas de valor agrícolas. Como constituyente del eslabón transformador de la energía solar en granos para la alimentación de la humanidad, intentará no quedar desdibujado por la incursión de la dinámica financiera, y la concentración que naturalmente deriva de ella, en el espacio rural. Y deberá superar también la desventaja de estar siendo miles, y de alguna forma vulnerables si no se institucionalizan, ante una realidad donde en la mencionada cadena de valor el eslabón anterior y posterior están muy concentrados.

Las políticas públicas a diseñar para dar un nuevo marco para un buen funcionamiento del sistema agroalimentario argentino, deberán reconocer la presencia y vigencia de las realidades señaladas en los párrafos anteriores.

Desde ya que es importante la economía, pero tal vez también pueda decirse en este caso parafraseando el slogan de Bill Clinton: “¡¡¡es la cultura estúpido!!!”. Ya que un economicismo que invade la cultura poniendo la “TASA” como valor orientador supremo y excluyente, que posterga los demás planos necesarios para el logro de una vida digna, termina siendo un debilitamiento de las posibilidades sociales a la par que un empobrecimiento cultural. Si es que como cultura pensamos en el producto de una educación y formación en el sostenimiento de valores que permitan un acceso universal a los bienes indispensables para una vida digna. Bienes materiales, afectivos y espirituales (éticos) que nos permiten SER comunidad en la diversidad respetándonos. Siendo yo y nosotros en simultáneo. Pero todos nosotros y no sólo algunos de nosotros.

El agricultor desde y con su cultura, que en su saber-hacer opera la transformación del CO2 y el agua en alimentos con la ayuda de la energía del sol, tiene clara conciencia de la necesidad de alimentos para todos los argentinos. Y es por ello que su reclamo tiene que ser atendido mediante la definición de una política pública que se explicite en leyes que promuevan tanto la producción como la construcción de un sistema de seguridad alimentaria que garantice el acceso a la adecuada alimentación a todos los argentinos.

Esto ya existe en otros países. Es cuestión de ver la forma de adaptar esas políticas a nuestra realidad nacional.
Planteada desde una clara definición y compromiso con sustento ético, político, económico y cultural, es posible ofrecer una propuesta de seguridad alimentaria en asociación con un mayor despliegue del potencial agrícola (fotosintético) de nuestro país.

De este modo se logrará desenmascarar la falacia del concepto que se pretende instalar donde no hay posibilidades en simultáneo para lo rural y para los conurbanos (como representantes de la indigencia y la pobreza). Un concepto que implica que la posibilidad de uno es la imposibilidad del otro en un juego de división y de suma cero.

La Argentina, incluida su ruralidad, no es la misma del siglo pasado, ni la de principios ni la de mitad ni de la de fin de siglo. En otros momentos el “modelo agroexportador neoliberal y antipopular” no construía desarrollo local ni derrame, y se desentendía de la dinámica social de los conurbanos.

Hoy el agricultor está recorriendo el camino de su crecimiento como sujeto cívico y político en su integración al conjunto de la sociedad. Y en ese proceso no se desentiende de la realidad de la indigencia y la pobreza.
No hay que confundir la nueva dinámica rural que tiene como actor y motor principal al agricultor, con otras dinámicas que pueden llevar a la exclusión.

Queda clara la necesidad de un acuerdo político, intersectorial y social que, atendiendo la urgencia de asistencia a los argentinos en situación de indigencia y pobreza, ponga el foco en un ordenamiento que permita una vida en comunidad donde los sujetos puedan realizarse en dignidad mediante el trabajo que da la autonomía mínima para sentirse y SER persona, y no una mera cifra en las estadísticas.

El desafío es “Empleo sostenible para la inmensa mayoría, y asistencia subsidiaria para quienes transitoriamente no lo obtengan”. Este desafío, si fuera acordado como objetivo nacional, estaría hablando de un progreso cultural: la búsqueda de posibilidad de vida digna para todos. Posibilidad donde el yo y el nosotros tengan una jerarquía de valor equivalente, y que nos comprometa a hacerlo sostenible en el tiempo.
Se puede SER en comunidad desde la libertad construyendo sentido.

¿Quién dijo que esto no es posible en la Argentina?

¡Es la cultura flaco! (una adaptación amigable a nuestra cultura del slogan de Bill Clinton).

Por Enrique Seminario
enrique.chacrer@gmail.com

 
 
 
 
 
 
 

 

akron auspiciante mamasu escobedoehijos lecar rotor acoplados tanque

Inicio l Agro l Empresa l Productos l Clasificados l Contáctenos l Mapa del sitio

© Publicarg 2010 - Todos los derechos reservados l Webmaster Circo de Ideas